El discurso de Duque ante la Asamblea General de la ONU estuvo lleno de lugares comunes sobre la pandemia, el cambio climático, la recesión económica y la desigualdad, frente a los que alardeó de que su gobierno había desarrollado un New Deal colombiano.
Dentro de las estrategias que ha adoptado Iván Duque para ocultar su inseguridad, falta de liderazgo y resultados paupérrimos se destacan la disimulación de una robusta actividad gubernamental y la promoción de una imagen fantasiosa que en poco o nada corresponde a la Colombia que conoce la mayoría. Además de estar fuertemente entrelazadas, ambas se han desplegado tanto en la política nacional como la internacional. La visita del mandatario a Nueva York y Washington constituye tan solo un ejemplo.
El discurso de Duque ante la Asamblea General de la ONU estuvo lleno de lugares comunes sobre la pandemia, el cambio climático, la recesión económica y la desigualdad, frente a los que alardeó de que su gobierno había desarrollado un New Deal colombiano. En el tema de la inmunidad global, el llamado contra el acaparamiento de vacunas sonó vacío, dada su ambigüedad frente a la solicitud de suspensión temporal de derechos de propiedad intelectual, firmada por más de cien países. Sobre el Acuerdo de Paz, con el que la ONU, la Unión Europea, Estados Unidos y otros actores extranjeros han estado tan comprometidos —y que a sus cinco años todavía consideran un modelo mundial, al menos en el papel—, el presidente destacó su carácter “débil” no sin antes jactarse de haber hecho “la más importante reforma de este siglo”. Para que no cupiera duda de que la “paz con legalidad” está corrigiendo el maltrecho rumbo nacional, a los pocos días el embajador entrante en Washington, Juan Carlos Pinzón, aseguró que el acuerdo de La Habana no había sino reforzado la impunidad, las fracturas políticas y el narcotráfico.
Aunque es difícil no objetar este retrato ficticio ofrecido ante el mundo, El Tiempo estima que el viaje presidencial fue positivo por los encuentros que se sostuvieron, y los premios y apoyos que se recibieron. Entre los primeros destaca las reuniones con Jeff Bezos y Frank Mars, el fabricante de dulces. Además de que, como señala Daniel Samper Ospina, hay que desconfiar de aquellos billonarios que reciben a políticos colombianos, la foto que Duque publicó en Instagram con el magnate de Amazon delata la sonrisa de un adolescente engreido posando de “gente” importante. Más diciente que esto son los registros fotográficos que no se lograron, especialmente con Joe Biden o Kamala Harris, al menos en los pasillos de Naciones Unidas. En cuanto a los reconocimientos, Duque recibió una condecoración del Rainforest Trust y US$15 millones para invertir en áreas protegidas —cuya contracara es el “premio” dado a Colombia por el mayor número de asesinatos contra ambientalistas— así como un galardón de la Asociación Venezolana Americana por su solidaridad con los migrantes.
Estos “éxitos” difícilmente compensan tentativas como la de la congresista Alexandra Ocasio-Cortez de restringir la ayuda estadounidense a Colombia por la situación de derechos humanos en el país y la insistencia en reanudar la fumigación de la coca. Como tampoco la propuesta de Duque de aumentar el presupuesto de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado o la de Germán Vargas Lleras de retirarse de los tribunales internacionales como “solución” ante las crecientes demandas contra Colombia, permiten disimular la falta de voluntad política para combatir aquellas prácticas que las han originado. Es decir, disimulando que se hace tiene sus límites.
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