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2 Mar 2022 - 5:05 a. m.

Errores de cálculo

A pocos días de la invasión rusa a Ucrania, el desarrollo de los hechos comienza a dejar al descubierto una cadena de errores de cálculo hechos por Putin a la hora de tomar esta horrorífica decisión. El primero es la sobreestimación de las capacidades militares de Rusia, sobre todo las terrestres y la subestimación de las de Ucrania, así como la minimización de la voluntad de la población civil a armarse y defenderse. Ante los pobres resultados iniciales, y con tal de evitar ser humillado en el campo de batalla iniciado por él mismo, Putin ha invocado las armas nucleares y ordenado el uso de tácticas más brutales, incluyendo el bombardeo aéreo de zonas residenciales, el cual además de destruir la infraestructura ucraniana, aumentará las tasas de mortalidad de civiles y el flujo de refugiados que ya asciende a más de 660,000 personas.

Al tiempo que Putin subvaloró el poder ucraniano de respuesta armada, también menospreció la habilidad de su presidente de posicionarse ante la población local y el mundo como un héroe luchador. Al considerarlo débil y fácilmente derrotable, no anticipó que Zelensky se pusiera al pie del cañon e instara con tal efectividad a la resistencia de las fuerzas armadas y los civiles. Así, tampoco ha sido posible que Rusia gane la guerra informativa, que hasta ahora ha sido dominada por las representaciones ucranianas acerca de la agresión rusa.

Aunado a lo anterior, Putin parece haber exagerado el grado de apoyo doméstico que habría para la invasión. A pocas horas de producirse, hubo protestas significativas (aunque no tan masivas) en Moscú, San Petersburgo y 50 ciudades más. Pese a las amenazas de las autoridades rusas, los arrestos masivos, y el bloqueo y censura de información en medios, diversos sectores visibles de la sociedad rusa se han atrevido a denunciar los hechos. Es el caso de varias celebridades con millones de seguidores en redes sociales, como el influencer Yury Dod y el rapero Oxxxymiron, a quienes se suman diferentes estrellas de televisión, artistas, periodistas y figuras protagónicas del sector privado. Uno de los resultados es que segmentos no menores de la población están viendo testimonios sobre la destrucción material y de vidas humanas, que se contraponen a las historias oficiales hablan lo menos posible sobre la guerra.

En otras palabras, por más que no se observe tan abiertamente, hay un sentimiento antiguerra palpable al interior de Rusia. Y de no producirse lo que se conoce como la “unión en torno a la bandera” ante empresas bélicas como la actual, es difícil que los rusos estén dispuestos a hacer los sacrificios que comienza a exigir la invasión, entre ellos mayor inflación, devaluación de la moneda, escasez de productos de consumo, bajas de soldados rusos, y en el caso de distintos sectores elites, bloqueos al acceso a capitales, prohibición de viajes y vetos en eventos internacionales. Hasta qué punto la narrativa de Putin sobre la grandeza de Rusia y la lucha contra Occidente seguirá aglutinando a los rusos queda por verse. Sin embargo, por ahora cabe preguntar si la duración en el poder y su concentración no estén generando en el líder autócrata un exceso de confianza que en últimas puede ser su mayor equivocación.

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