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La nueva tendencia antidemocrática

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Arlene B. Tickner
23 de marzo de 2022 - 02:00 a. m.
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Una tendencia nueva acecha al mundo, tanto en el norte como el sur. Se trata del cuestionamiento de los resultados electorales y la manipulación de la información en torno a ellos como táctica que diferentes fuerzas antidemocráticas han comenzado a desplegar en lugares tan diversos como Alemania, Brasil, Estados Unidos, Israel, Perú y ahora Colombia.

Desde hace varias décadas, la participación en elecciones ha ido en descenso, en abierta señal de los problemas que enfrenta la democracia. Aunque ello no significa que la gente haya dejado de participar en la vida política de los países, como se evidencia en el auge de otras formas de activismo cívico —incluyendo la protesta social masiva—, lo que sí refleja es una desconfianza creciente ante los instrumentos democráticos convencionales, entre ellos el proceso electoral. En un contexto internacional caracterizado por la crisis de legitimidad de las instituciones, la multiplicación de fuentes de información y, con ella, de las oportunidades para desinformar, el costo en términos de reputación de manipular la opinión pública y mentir en el proceso político ha decrecido sustancialmente. Para la muestra, después de desconocer los resultados electorales e incitar a que sus seguidores se tomaran el Capitolio con miras a impedir la consumación de la “gran mentira”, Trump no solo no ha sido condenado por sus actos criminales, sino que figura como candidato seguro de los republicanos en las próximas presidenciales.

Aunque Trump no inventó el guion para esta táctica particular de “desdemocratización”, no cabe duda de que lo perfeccionó y lo regularizó entre otros actores antidemocráticos mediante una suerte de efecto demostración. Su caja de herramientas incluye, primero, la difamación de quienes se consideran la oposición mediante el uso de apodos política y emocionalmente cargados, como comunista, socialista, criminal, loco, perdedor o, en contextos como el colombiano, terrorista, narco y castrochavista, con miras a deslegitimarla, insinuar la existencia de un supuesto peligro y producir miedo. Segundo, antes de elecciones se comienza a cuestionar la integridad de estas con miras a sembrar duda entre los electores para que después, si el resultado no es el deseado, acudir a estrategias de desinformación que “confirmen” lo que se especuló originalmente: no se puede confiar en los resultados.

Lo que han hecho los expresidentes Uribe y Pastrana, así como figuras claves del Centro Democrático, comenzando por la cabeza de lista y senador electo Miguel Uribe no es menos que poner en entredicho el conteo de votos en las elecciones pasadas y llamar a desconocerlas. Algo jamás visto en la historia política reciente de Colombia, tal vez no desde la cuestionada elección de Misael Pastrana, en 1970. Sin embargo, esta condenable jugada no es del todo inesperada a la luz de la tendencia descrita, así como la certeza de que al menos los “amigos” del Partido Republicano, hoy una clara fuerza antidemocrática en EE. UU., no tendrán reparo alguno frente a lo que se está fraguando. De ahí que la apelación colectiva a las reglas y los procedimientos de la democracia electoral, por más imperfectos que sean, sea el único antídoto al golpe institucional que se está ambientando.

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Alberto(3788)23 de marzo de 2022 - 09:12 p. m.
Magnífica.
ALVARO(28865)23 de marzo de 2022 - 06:12 p. m.
OJO, Alexander Vega prepara un nuevo CHOCORAZO, como el de 1970 a favor de Pastrana. En las presidenciales va a haber fraude, a capotear diciendo que en las elecciones legislativas se favoreció al Pacto Histórico con 400.000 votos, prueba de imparcialidad absoluta. Les importa el Ejecutivo, porque la mermelada del Fico realineará a los centristas y a Julio César Gaviria.
PEDRO(90741)23 de marzo de 2022 - 05:27 p. m.
Cuenta regresiva: faltan 137 días para que termine este déspota ñeñegobierno. En las próximas elecciones es importante elegir de manera informada, para saber quiénes son los candidatos, su trayectoria, sus propuestas y quiénes los apoyan y no seguir votando por quienes han sido cómplices de los que han llevado al país a la crisis en la que se encuentra.
Daniel(eszua)23 de marzo de 2022 - 02:23 p. m.
La diferencia entre la derecha de Trump y la de Uribe y sus secuaces es que aquí están aliados con mafiosos , paramilitares, narcos , militares y policías haciendo la tarea para mantener la hegemonía ya no a punta de miedo sino de crimen, lo único organizado en el platanal. ¿Cómo gano Duque? ÑEÑE hizo la tarea , el fantasma lo suyo , Otoniel lo reglamento en la región. Viva la narcodemocracia
Atenas(06773)23 de marzo de 2022 - 12:12 p. m.
Los espasmos opinionales de Arlene no dejan de sembrar dudas sobre su estado de ánimo, pues sí con esa misma dudosa lucidez con q’ aborda lo de aquí juzga lo de afuera, entonces tomemos su exposición al revés. Sí, a sus ligerezas pongámosle el freno de mano, pues en lo de aquí se hace evidente su postrer inclinación x sórdido sujeto quien de antemano a supuesto fraude atribuirá su derrota.
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