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La incomodidad de Pekín

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Arlene B. Tickner
16 de marzo de 2022 - 05:05 a. m.
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El 4 de febrero, en el marco simbólico de la apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín – que Estados Unidos y otros 9 países boicotearon – Xi Jinping y Vladimir Putin emitieron una histórica declaración sobre la nueva era de las relaciones internacionales, sus principios constitutivos y la alianza estratégica entre China y Rusia. Además de resaltar los cambios que el mundo está experimentando, en especial la redistribución del poder, la aparición de la multipolaridad y la transformación de la gobernanza global, los mandatarios recriminaron las políticas unilaterales e intervencionistas (en clara referencia a Estados Unidos), hicieron un llamado al entendimiento mutuo, la paz y el desarrollo sostenible, detallaron su cooperación “sin límites”, y reivindicaron la democracia, los derechos humanos y la justicia en sus múltiples expresiones no occidentales, incluyendo las propias.

A pocas semanas de producirse este frontal cuestionamiento chino-ruso de la visión Occidental del orden mundial, Putin tomó la decisión de invadir a Ucrania. Desde entonces, Pekín ha manejado un complejo balanceo consistente en la ambivalencia. Al tiempo que ha defendido la soberanía e integridad territorial ucranianas y la necesidad de diálogo, se ha negado a llamar la acción de Rusia una “invasión” y ha reconocido como legítimas sus preocupaciones de seguridad en relación con la OTAN. Si bien sus abstenciones en las resoluciones condenatorias adoptadas por el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU han buscado mantener dicha “neutralidad”, la misma evolución de la crisis ha puesto a prueba esta estrategia.

La integración de la economía china a las de Occidente, así como el hecho de ser socio comercial importante no solo de Rusia sino de Ucrania, han comenzado a poner de relieve los costos asociados a la cercanía con Putin. En reflejo de ello, en una reunión sostenida entre oficiales de los gobiernos de Estados Unidos y China, Washington manifestó su preocupación por los vínculos entre Pekín y Moscú y advirtió que habría consecuencias de constatarse que Xi está ayudando a Putin a evadir o contrarrestar las sanciones internacionales que se han impuesto.

Igual de importante, Xi ha estado observando la evolución de la operación rusa en Ucrania con miras a una posible acción en Taiwán, que China ni siquiera considera un Estado independiente. Hasta ahora, la fuerte reacción mundial en combinación con la resistencia de la población ucraniana y la prolongación de los enfrentamientos están enviando señales fuertes de que no sería nada fácil tomarse a Taiwán sin represalias y costos enormes. Aunado a ello, la imagen que China ha buscado consolidar ante el mundo como poder “benevolente”, que incluye la defensa de algunas normas, como la soberanía, la no intervención, la multipolaridad y la paz, corre riesgo de afectarse negativamente de mantener su ambigüedad ante la invasión.

Hasta ahora, Xi Jinping ha intentado lo imposible: preservar su relación especial con Rusia y, en simultánea, resguardar los principios centrales de la política exterior china, preservar la imagen china y evitar dañar del todo las relaciones con Estados Unidos y Europa. Sin embargo, se trata de un equilibrio incómodo e insostenible en el tiempo, razón por la cual Pekín se verá obligado a seguir recalibrando sus posiciones al ritmo de los hechos.

Conoce más

 

Sigifredo(77234)28 de marzo de 2022 - 03:12 p. m.
En los análisis políticamente correctos, tratan por todos los medios de pasar de agache una aplastante realidad: Los norteamericanos aún consideran que pueden imponer su agenda al resto del universo y solo esperan silencio de parte de los países, pueblos y naciones afectadas por su expansionismo. Que en A, Latina nos aguantemos, no significa que los demás harán lo mismo.
Pedro(86870)21 de marzo de 2022 - 09:26 p. m.
En política internacional no todos pueden estar del mismo lado. La visión diferente es la que puede ayudar a que se tenga una negociación entre Ucrania y Rusia. Para que Rusia pare la invasión debe haber negociación y China es fundamental aliada con Alemania y Francia
Lorenzo(2045)17 de marzo de 2022 - 06:17 a. m.
Innegable la fresca presencia de docente de universidad privada bogotana, pero algo desacomoda a su honestidad intelectual. Precedentes de no poca monta: hacia 2010 fue B. Obama quien tras tirarle un salvavidas a la industria automotriz para evitar su quiebra y alcahuetear la corrupción de la banca gringa -a la manera de expresidente del Platanal- activó las alarmas: "We have a big problem= China"
Lorenzo(2045)17 de marzo de 2022 - 05:15 a. m.
Hablar de un Pekín incómodo es un chiste. Con su prosa decente -de buenas maneras santafereñas- se propina un hachazo grosero sobre la historia RECIENTE entre tío Sam y la China. La migración a EEUU de mano de obra barata china (XIX) funda la larga parábola de la otra incomodidad: la gringa. Se omiten aquí las visitas furtivas de Kissinger a Pekin. Resultó que ni en los '70s CHINA fue como CHILE.
Lorenzo(2045)17 de marzo de 2022 - 05:15 a. m.
Gerald Ford fue el 2º presidente en realizar un viaje histórico a China. Los chinos aprovecharon la oportunidad para recordar a ese presidente yanqui que no estaban muy contentos con el programa de distensión entre EEUU y la URSS. Ayer, Deng Xiaoping, hoy también, sus ministros le hablan claro a "america". Es decir, los gringos lo han intentado todo pero la milenaria China ni tiembla ni tambalea.
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