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Venezuela y Ecuador: pragmatismo versus presunción

Arlene B. Tickner

27 de enero de 2009 - 09:21 p. m.

Al tiempo que Álvaro Uribe y Hugo Chávez discutían medidas para enfrentar juntos la crisis económica mundial, el presidente ecuatoriano Rafael Correa decretaba nuevas restricciones arancelarias para algunos productos colombianos y la exigencia del pasado judicial apostillado.

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En el caso de los mandatarios de Colombia y Venezuela primó el pragmatismo por encima de la ideología y el distanciamiento –al menos hasta que se active otro ciclo de odio en su tormentosa relación–, mientras que frente a Ecuador la normalización diplomática parece todavía muy lejana.

Las relaciones colombianas con Venezuela y Ecuador se asemejan en términos de su importancia, complejidad y altos grados de tensión. En ambos casos existe una fuerte interdependencia en temas como el comercio, la energía y la infraestructura, la cual ha favorecido los intereses de Colombia. Muchos de los problemas neurálgicos que enfrentan los tres países, en particular en el ámbito de la seguridad, son de carácter transfronterizo y exigen estrategias compartidas. Empero, los dos vecinos tienen modelos políticos distintos que implican perspectivas de solución diferentes a las colombianas. Tales divergencias no sólo han dificultado la cooperación sino que, al airearse públicamente en función de los intereses internos de cada mandatario, han ahondado los niveles de desconfianza existentes.

Por otra parte, Colombia tiene un superávit comercial y exporta productos manufacturados a ambos países, pero sus ventas a Venezuela en 2008 –US$6.000 millones– fueron cuatro veces mayores a las realizadas al Ecuador, sugiriendo una mayor importancia comercial. Adicionalmente, mientras que nuestro país siempre se ha relacionado de “tú a tú” con los venezolanos, en el imaginario colombiano el vecino a nuestro sur nunca ha gozado del mismo estatus. Tal vez por ello, cuando Chávez le exigió a Uribe pedir disculpas por la captura ilegal de Rodrigo Granda –so pena de congelar el intercambio comercial– el gobierno se vio obligado a reconocer que la molestia venezolana era legítima.

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En cambio, ante la violación de la soberanía ecuatoriana producida el 1° de marzo, la reacción colombiana fue rechazar cualquier infracción y acusar al país vecino de complicidad con las Farc, causando un profundo resentimiento entre el Gobierno y la fuerza pública.

Restablecer las relaciones con el Ecuador exige resarcir el daño causado por la intervención colombiana en su territorio y abandonar el pulso que se mantiene con el vecino país. Aunque la construcción de confianza entre Uribe y Correa es imposible –como lo es también con Chávez– una actitud más humilde, como la que el Presidente adoptó en su momento frente Venezuela mediante disculpa pública, serviría para reconocer la legitimidad de la molestia ecuatoriana, allanando el camino para la despolitización de esta crucial relación.

*Profesora Titular. Departamento de Ciencia Política, Universidad de los Andes

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