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Ya se han presentado numerosas reacciones negativas a las políticas de Trump. Se critica su desconocimiento de los contrapesos institucionales, los ataques a sus aliados, el apoyo a Putin, su política arancelaria y sus conflictos de interés. Lo más significativo es que estas reacciones provienen no solo del partido demócrata y de sectores liberales, sino de algunos voceros conservadores. Se destaca la línea editorial del Wall Street Journal —un medio tradicional, defensor de la democracia y las instituciones— que se ha venido oponiendo frontalmente a las políticas del magnate frente a Ucrania, los incrementos de las tarifas y su cercanía con el dictador ruso.
La opinión generalizada de analistas y académicos es que el alza de los aranceles a las exportaciones de China y sus vecinos le hará un grave daño a las empresas y los hogares de Estados Unidos. Desatará represalias y probablemente una guerra comercial que dañará a todos los involucrados. Se elevará la inflación, dificultará la baja de las tasas de interés, reducirá el crecimiento e incrementará el desempleo en Estados Unidos y otros países.
También se han presentado importantes reacciones políticas en los países afectados. En Canadá, el partido liberal de Trudeau, que ha respondido a los golpes de Estados Unidos y que iba muy atrás en las encuestas, está a punto de derrotar a los conservadores trumpistas. Por su parte, la popularidad de la presidenta de México ha aumentado a más del 80 % por su firme posición frente al magnate. Y en Europa se ha consolidado el apoyo a los gobiernos que defienden a Ucrania y se preparan para responder a una posible agresión arancelaria de Estados Unidos. Además, se viene presentando un distanciamiento entre los partidos extremistas, afines al trumpismo, y los conservadores de talante liberal y democrático. En Alemania, el tradicional partido demócrata cristiano, CDU, se apartó radicalmente del AfD, una organización pronazi, que recibió el respaldo de Musk y Vance; y en España todos los días se abre la brecha entre el Partido Popular y el extremista Vox, grupo vociferantemente trumpista.
El caso de Colombia es extraño. Petro, con ideas semejantes a las de Trump, considera que el alza de aranceles y la protección benefician a las economías que se cierran al mundo. Y, a diferencia de las razonables posiciones de Sheinbaum y Trudeau, el mandatario colombiano ha dicho que celebraría la cancelación del tratado de libre comercio con Estados Unidos. En el otro extremo del espectro político, sería importante que algunos sectores de la derecha, asistentes habituales a los foros de la internacional trumpista, manifiesten su posición frente a las decisiones del presidente norteamericano.
Una amplia reacción contra Trump en Estados Unidos tardará algún tiempo en tomar fuerza. El presidente, todavía en su luna de miel, mantiene un importante respaldo y exhibe su enorme capacidad de intimidar a sus amigos y enemigos. El rechazo solo crecerá a medida que la gente sufra por el aumento de los precios y las dificultades para conseguir empleo. Estos problemas seguramente se reflejarán en forma creciente en las encuestas y el mandatario tendrá su prueba de fuego en las elecciones del próximo año, en las cuales el partido republicano podría perder su escasa mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes.
