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Carlyle, Kissinger y Maradona

Armando Montenegro

11 de diciembre de 2022 - 12:00 a. m.

Se trata de una discusión histórica-futbolera. En un extremo, Carlyle decía que la historia de la humanidad no es más que la historia de sus grandes hombres; en el otro, varios autores sostienen que la historia está determinada por leyes económicas y sociales, en forma independiente de los individuos (en su opinión, como estaban dadas las condiciones, si Napoleón no hubiera existido, otro líder habría tomado su lugar). En fútbol se replica el mismo debate: ¿el éxito está determinado por unos pocos jugadores excepcionales como Pelé o Maradona, o es el resultado del trabajo colectivo del equipo, el peso de la historia, la tradición y la cultura futbolera de millones de hinchas?

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Quienes defienden la primera tesis dirían que el avance de Argentina o Francia en este campeonato mundial habría sido imposible sin las genialidades de Messi y Mbappé, y añadirían que la eliminación de Alemania y España —excampeones mundiales, con excelentes ligas y escuelas de fútbol— fue la consecuencia de no tener ningún jugador excepcional, un líder que condujera a sus equipos a la victoria (ni siquiera Busquets pudo patear bien un penalti).

Los segundos argumentarían que sin un buen equipo, compacto y disciplinado tácticamente, Messi o Mbappé no producirían los resultados que celebramos. Sostendrían que los grandes jugadores, sin un gran conjunto a su lado, no pueden triunfar. Citarían el fracaso de Argentina en Rusia, donde la genialidad de Messi no pudo llevar a su mal equipo a alcanzar resultados siquiera mediocres.

Ambos lados del debate ponen a Japón de ejemplo de sus tesis. Unos dicen que pudo llegar tan lejos en Catar por el fervor y la disciplina cerrada de un equipo sólido y armónico que, utilizando la mejor tecnología futbolera de Occidente, siguió al pie de la letra los esquemas tácticos. Los otros replican que, si bien eso es cierto, la falta de individualidades explica su fracaso a la hora de anotar, sobre todo en el descalabro de penaltis contra Croacia.

En su último libro, Leadership, sobre seis líderes del siglo XX (Adenauer, De Gaulle, Nixon, Sadat, Thatcher y Lee Kuan Yew), Henry Kissinger plantea un punto de vista intermedio que puede dar algunas luces en el debate futbolero. Aunque destaca la inteligencia, la originalidad y la audacia de estos personajes, no desconoce las realidades políticas, los sueños y el potencial económico de sus países, en fin, las circunstancias sociales y las fuerzas de la historia, que ellos entendieron y aprovecharon, para “llevar a sus sociedades a las fronteras de lo posible”.

Entre los analistas del fútbol hay muchos que podrían acoger esta tesis. Señalarían que jugadores como Pelé o Maradona aparecieron en países con una masiva y apasionada cultura del fútbol, donde un riguroso proceso de selección filtra y solo deja pasar a los verdaderos genios entre miles de jugadores. Aceptarían, sin embargo, que sin equipos de gran calidad conformados por otras estrellas rutilantes, con una férrea disciplina colectiva, los superdotados no pueden hacer sus genialidades, sus asombrosas improvisaciones, sus goles y sus jugadas de ensueño (¿recuerdan al Barcelona de Messi y Guardiola?).

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