7 Mar 2021 - 3:00 a. m.

Comercio de votos

En distintos países se presentan variadas modalidades de compra de votos, unas más descaradas y groseras que otras.

En Colombia, el comercio al detal consiste en la entrega de una suma de efectivo por cada sufragio el día de elecciones. Como lo demostró el caso de la exsenadora Merlano, detrás de esta práctica criminal operan sofisticadas organizaciones de financiación, contabilidad y registro de cédulas, que involucran a intermediarios que compran y venden al por mayor cientos o miles de votos. Los recursos de estos negocios provienen, usualmente, de dineros públicos que, a través de la corrupción, llegan a manos de los políticos y sus agentes, quienes desde el poder se encargan de otorgar nuevos contratos torcidos para financiar la siguiente elección. Y así sucesivamente.

En estos días se está estrenando un sistema de compra de votos a plazos en Ecuador. El candidato Andrés Arauz, heredero del expresidente Rafael Correa, fugitivo y condenado por corrupción, ha prometido entregarles mil dólares a un millón de madres de familia en los primeros días de su gobierno. Para tener control de sus votantes, ha organizado un amplio sistema de inscripción llamado ¡Mil de Una!, que garantiza lugares en la cola para recibir los pagos prometidos. Como esta operación vale 1.000 millones de dólares, suma que no saldrá del bolsillo de Arauz o Correa, y como el gobierno ecuatoriano no tiene plata, si gana el audaz candidato, este ha señalado que les echará mano a las reservas internacionales del Banco Central, lo cual pondrá en riesgo la estabilidad del sector financiero y del crédito externo de Ecuador.

Como el voto todavía es secreto en Ecuador, el candidato de Correa asume el riesgo de que haya mujeres que se registren en ¡Mil de Una! pero que, a la hora de la verdad, voten por su rival. Este riesgo no existe en Venezuela, donde también se compran masivamente los votos con regalos del gobierno, especialmente los auxilios sociales, indispensables para sobrevivir en un país donde la pobreza supera el 95 % de la población. Por medio del llamado “Carnet de la Patria”, el día de las elecciones los agentes del chavismo verifican que las personas hayan votado por sus candidatos, un comportamiento que les da acceso a las cajas CLAP que incluyen víveres para algunos días, un elemento absolutamente precioso en un país donde la hambruna generalizada ha obligado a emigrar a más de cuatro millones de personas.

Hace unos meses, en Estados Unidos, en plena campaña electoral, el entonces mañoso presidente de ese país se aseguró de que los cheques por US$1.200 que aprobó el Congreso para ayudar a cada una de 70 millones de familias afectadas por la pandemia llevaran impreso el nombre de Donald J. Trump, como si fueran un regalo, un abusivo favor personal del mandatario-candidato a los ciudadanos. A pesar de su sonada derrota, varios analistas piensan que este hecho contribuyó a explicar la copiosa votación que recibió el magnate de amplios sectores marginados en varios estados.

Ante la campaña que se avecina en Colombia, los entes de control, los medios de comunicación y las ONG interesadas deben organizar una cruzada especial para denunciar y atacar la corrupción electoral. A pesar del escepticismo de muchos, hay estudios que prueban que estas iniciativas sí reducen la compra de votos y otros delitos contra la democracia.

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