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COVID-19 para largo

Armando Montenegro

25 de julio de 2021 - 12:30 a. m.

El lío del COVID-19 va para largo. A raíz de la propagación de las variantes, especialmente la superinfecciosa Delta, los contagios están subiendo rápidamente en numerosos países, amenazando con frustrar sus esfuerzos para volver a la normalidad. Y lo peor es que algunas de las vacunas son menos efectivas ante las nuevas modalidades del virus.

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¿Qué hacer? Los expertos recomiendan completar, cuanto antes, la vacunación masiva. En la medida en que la gran mayoría de la población esté inmunizada, dicen, bajarán los contagios y dejarán de aparecer nuevas variantes, cada vez más infecciosas y dañinas. Decirlo, sin embargo, es más fácil que hacerlo.

Buena parte de la población mundial, perteneciente a los países más pobres, no se ha vacunado por falta de recursos y, al paso que va, no lo hará en mucho tiempo. Como la cooperación internacional es muy escasa, la gran mayoría del mundo seguirá expuesta al virus y seguirá siendo una plataforma de dispersión de sus variantes por todo el planeta.

El problema contrario ocurre en algunos países ricos. Aunque allá la oferta de vacunas es más que suficiente, mucha gente simplemente no se quiere vacunar. Millones de personas militan en los viejos movimientos en contra de las vacunas, con argumentos tan disparatados como el que pregona que ellas causan autismo; otras comparten teorías conspirativas propagadas en las redes sociales o siguen grupos como los de la franja lunática del Partido Republicano de Estados Unidos.

Los gobiernos de los países ricos están tomando medidas para elevar el porcentaje de la población vacunada. Algunos estados norteamericanos están ofreciendo incentivos económicos y Biden está exigiendo a las redes sociales que impidan que circulen informaciones falsas sobre las vacunas. Macron y otros mandatarios de Europa están imponiendo el pasaporte de vacunación: solo aquellas personas que puedan demostrar que han sido inoculadas podrán tener acceso a sitios públicos como trenes, bibliotecas, museos y teatros.

Por su parte, algunas empresas han anunciado que exigirán certificados de vacunación a sus empleados como requisito para el obligatorio regreso al trabajo presencial.

Mientras tanto, ante la posible impotencia de las vacunas frente a las variantes, los científicos están evaluando la necesidad de aplicar los llamados boosters: terceras dosis para los productos de Pfizer y Moderna o refuerzos para las vacunas menos sofisticadas. Al final, como ya se sabía, este proceso conducirá a que tendremos que vacunarnos periódicamente contra el COVID-19, seguramente todos los años, tal como ocurre con la influenza.

En Colombia, mientras tanto, el proceso de vacunación, al comienzo desesperantemente lento, se ha acelerado. Como nuestro problema era la limitación de oferta, a medida que se han conseguido vacunas la cobertura ha mejorado en forma notable. Por fortuna, las encuestas muestran también que ha subido el porcentaje de personas que están dispuestas a inmunizarse.

Subsisten, sin embargo, varios interrogantes sobre el curso de la pandemia. Uno de ellos es la extensión que ya ha adquirido la variante Delta en nuestro medio. Otro consiste en la aplicación de los refuerzos, claro está, cuando se obtenga de los científicos certeza sobre su necesidad.

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Lo más seguro, en cualquier caso, es que no volveremos al mismo tipo de normalidad que tuvimos antes de esta pandemia.

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