A través del relato de la azarosa existencia de un puñado de cubanos anónimos, envejecidos y derrotados por la vida y la historia, Leonardo Padura acaba de contarnos el triste recorrido de su generación. Se trata de gente que nació un poco antes del triunfo de la revolución en 1959, se educó con las consignas del socialismo, en vano hizo sacrificios para forjar al Hombre Nuevo, participó en el fracaso de la zafra de los diez millones de toneladas en 1970, sufrió el impacto de la caída de la Unión Soviética y, golpe a golpe, se desengañó de la revolución y sus promesas fallidas. Se trata de un grupo que sobrevive vencido, con miedo, en medio de apagones, en la miseria y sin esperanzas (“si nos morimos pronto hacemos un favor, pues somos menos en pedir lo que no alcanza, lo que se acabó…”).
La vida de Nora, uno de los personajes centrales de la novela, se destruyó cuando, muy joven, fue expulsada de la universidad por criticar una decisión arbitraria e hipócrita de la dirigencia política. Otro, Rodolfo, sufrió un grave trauma sicológico cuando participó en la descabellada aventura militar de su país en Angola.
Estos seres a duras penas sobrevivían mal pagados cuando medio trabajaban en la ineficaz burocracia controlada por el partido comunista. En sus labores se aplicaba la máxima de “yo hago como que trabajo y tú (el Estado) haces como que me pagas”.
En medio de la desesperanza, la angustia y la pobreza, muchos escaparon a su horrible realidad por medio del alcohol: “Era la respuesta generacional a un desencanto histórico y la pérdida de expectativas”. “El alcohol fue entonces el refugio maldito, la droga de nuestra generación, y se encargó de hacer estragos individuales y colectivos, y dibujó, quizás mejor que cualquier otra reacción, postura, actitud o incluso pensamiento, el estado social y mental de una frustración colectiva”.
Los pensionados de Cuba reciben una exigua mesada de dos mil pesos, cuando un paquete de 30 huevos cuesta tres mil. Ante sus enormes carencias, todos buscan y rebuscan, muchos piden limosna y otros escarban los basureros en busca de comida (“como si en la basura cubana fuera posible encontrar algo que no fuera basura”). No pocos se preguntan si los haitianos sufren tanto como ellos. Los ancianos que tienen la suerte de que sus hijos y nietos emigraron —el sueño de todos los jóvenes— reciben de ellos los auxilios, llamados “donaciones”, que les permiten sobrevivir.
Los pensionados se asemejan a los náufragos de una revolución fracasada que, con grandes padecimientos, trabajaron y sufrieron durante décadas y cuando llegaron a la orilla, la vejez, murieron en la playa. Cada día de sus vidas constituye una titánica lucha para subsistir: “Un día de mierda… Bueno, otro más en este país de mierda que se va a la mierda”.
En síntesis, Padura relata en esta obra* el clima sicológico y social, el drama humano, creado por una crisis que los economistas apreciamos en las frías cifras de la pobreza, la depresión económica, la emigración, la salud y la desnutrición de Cuba. Se trata del doloroso llamado de atención de un intelectual sobre la tremenda realidad de su país.
Es posible que solo por el enorme prestigio internacional que rodea y protege a este autor, el represivo régimen comunista no lo haya encarcelado o expulsado de su país.
* Leonardo Padura (2025). “Morir en la arena”. Bogotá, Tusquets.