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El estadista y el político

Armando Montenegro

25 de marzo de 2023 - 09:00 p. m.

En los discursos de antaño se citaba con alguna frecuencia aquella frase de Bismark que dice que un político es aquel que piensa en la próxima elección, mientras que el estadista es quien piensa en la próxima generación. Posiblemente esta sentencia cayó en desuso pues ahora los escasos estadistas son una especie en extinción. La gran mayoría de los operadores políticos de nuestros días se guía por los cálculos electorales de corto plazo, las encuestas de popularidad y los gritos de la calle. Por eso, sus acciones, con frecuencia, no tienen en cuenta o, peor, ponen en peligro el mundo en el que vivirán sus hijos y sus nietos.

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Esta reflexión es pertinente al observar la postura del presidente de Francia, Emmanuel Macron, de desafiar las ruidosas y violentas protestas de los sindicatos y los partidos de extrema derecha y extrema izquierda ante su iniciativa de elevar de 62 a 64 años la edad de jubilación, con el objeto de hacer viables las finanzas de la seguridad social. El presidente llegó incluso a jugarse en paro su carrera política, al someterse a una moción de censura en la Asamblea Nacional, que fue derrotada por un escaso margen, manteniéndose firme en su propósito de sacar adelante una decisión impopular, pero indispensable para el futuro, especialmente el de los jóvenes que corren el riesgo de no tener pensión al final de su vida laboral.

La población de Francia, como la de la mayoría de los países del mundo, está envejeciendo en forma acelerada. Las personas tienen vidas más largas, reciben mesadas pensionales durante más tiempo y demandan crecientes servicios de salud. Esto obliga a que la seguridad social incurra en gastos mucho más elevados de los que se previeron cuando se diseñaron los sistemas. Por este motivo, para poder mantener la viabilidad financiera, la mayoría de los países europeos ya ha elevado la edad de jubilación a por lo menos 65 años y ha introducido otros ajustes a sus sistemas de previsión social. Francia se había quedado atrás y Macron quiso corregir esta situación, de acuerdo con los procedimientos consagrados en la Constitución y la ley.

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Es evidente que, para Macron, lo fácil, lo popular (y lo irresponsable), habría sido simplemente no hacer nada o, más adelante, cuando ya se hubieran desatado las protestas, desistir de su iniciativa y abrazarse con los jefes sindicales en alguna pomposa mesa de negociación. Al no hacerlo dio muestras de su compromiso por el futuro de su país. Mostró su coraje y, sobre todo, su calidad de estadista, tan rara entre los políticos de nuestros días.

En Colombia estamos discutiendo una reforma pensional guiada por la política. Al no tocar los parámetros del insostenible sistema público (edad de jubilación, cotizaciones, tiempo de trabajo) manejado por políticos, los beneficios de corto plazo serán principalmente para la captación de TES, el gasto del gobierno y los resultados de las elecciones de octubre y de 2026. Las próximas generaciones, en cambio, la tendrán muy difícil con esta iniciativa. Al asumir los gastos de jubilación de la gran mayoría de los colombianos, y hacer a un lado la correspondencia personal entre el monto de los ahorros y las pensiones, se agigantará el pasivo pensional a cargo del tesoro público y, al cabo de unos años, aumentará el riesgo de que no se les pueda pagar las pensiones a millones de jóvenes de hoy.

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