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Se acaba de publicar un estudio* que calcula el enorme costo para Estados Unidos del gran incremento de la siembra de coca en Colombia. Sus autores concluyen que, por la disparada de la producción de coca en nuestro país —que pasó de 48.000 hectáreas en 2013 a 230.000 en 2022—, el número de muertos por sobredosis de cocaína se elevó entre 1.000 y 1.500 víctimas adicionales en cada año. Cuando los autores imputan el valor económico a cada una de estas muertes, concluyen que el costo para Estados Unidos del desborde de la producción y exportación de cocaína de Colombia es de cerca de US$ 10.000 millones por año.
Los autores asocian el origen del gran incremento de la producción de coca en Colombia y el consecuente aumento de muertos por sobredosis en Estados Unidos a dos hechos principales. En primer lugar, a la decisión del gobierno del presidente Santos de suspender por razones de salud pública la erradicación de coca por medio de fumigación con glifosato. Y, en segundo lugar, a la firma del Acuerdo de Paz con las FARC en 2016 que trajo, como una consecuencia imprevista e indeseada, la proliferación de otros grupos armados que incentivaron la siembra y la producción de cocaína en los territorios que antes controlaban las guerrillas desmovilizadas. Señalan, además, que, en desarrollo de este Acuerdo, el prematuro anuncio del otorgamiento de subsidios a los productores de coca que dejaran su producción estimuló masivamente el cultivo de este producto.
Las conclusiones de este trabajo son interesantes. Por un lado, con sus resultados se desvirtúa la tesis de que el gran problema de drogas en Estados Unidos ahora se concentra exclusivamente en el consumo de fentanilo y que la cocaína ya no representa una amenaza para su población. Este hecho explica el sostenido interés de este país en que Colombia reduzca la producción y exportación de cocaína.
En segundo término, ya que la caída de la producción de coca en Colombia en los años anteriores a 2013, en los gobiernos de los presidentes Pastrana y Uribe, está asociada al impacto del Plan Colombia (ayuda militar y erradicación de los cultivos, principalmente), se puede concluir que este programa fue altamente beneficioso para Estados Unidos. Incluso es posible deducir que los beneficios para ese país superaron con creces los costos de toda la ayuda proporcionada a Colombia.
En tercer lugar, dada la magnitud de la producción y exportación actual de cocaína desde Colombia, el estudio sugiere que una reducción de la oferta de esta droga en los próximos años, apoyada con recursos norteamericanos, también sería altamente beneficiosa para Estados Unidos. Este hecho, en otras palabras, justificaría el lanzamiento de alguna forma de un nuevo “Plan Colombia”, una iniciativa que se ha planteado en la actual campaña presidencial –especialmente por el exministro y exembajador Juan Carlos Pinzón– con el objeto de contrarrestar el desborde de la inseguridad, la violencia y la ocupación del territorio por grupos armados ilegales relacionados con la producción y comercio de este alcaloide. Una iniciativa de esta naturaleza, en otras palabras, sería provechosa para ambos países.
* Xinming Du, Benjamin Hansen, Shan Zhang y Eric Zou (2026) COCA’S RETURN AND THE AMERICAN OVERDOSE FALLOUT. Working Paper 34788; http://www.nber.org/papers/w3478
