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El mito de la reindustrialización

Armando Montenegro

06 de septiembre de 2026 - 12:06 a. m.

En su presentación en la reciente Convención Bancaria, Dani Rodrick, profesor de Harvard, expuso algunas ideas sobre un nuevo consenso acerca del desarrollo económico. Señaló que ya no son válidas, por obsoletas, las recetas que predicaban que el crecimiento de los países del Tercer Mundo debía estar liderado por el sector industrial, tal como lo contemplaban antiguas ideas, especialmente las de las cartillas de la Cepal de los años cincuenta del siglo pasado.

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En opinión de Rodrick, las políticas de promoción y expansión de las exportaciones industriales están llamadas a fracasar por la fortaleza de la producción china (contra la cual es difícil competir) y el proteccionismo en buena parte del mundo. Lo peor, sin embargo, es que la industria moderna es una actividad cada vez más intensiva en capital y alta tecnología, que ya no tiene capacidad de generar empleos en forma masiva, tal como ocurría hace varias décadas.

Rodrick es un converso en esta materia. Hasta hace poco, en sus escritos se lamentaba de la desindustrialización de muchas regiones y predicaba la necesidad de reindustrializar a los países pobres. No obstante, basado en la evidencia, se sumó recientemente a las tesis de autores como Phillipe Aghion, premio Nobel de 2025, quien, desde hace cerca de diez años, viene señalando el potencial del sector de servicios para impulsar el crecimiento. Este autor, en su momento, puso el ejemplo del gran dinamismo y la exitosa experiencia que en esta materia han tenido países como India, Ruanda y Filipinas. Los servicios, a diferencia de la industria, sí pueden emplear masivamente a amplios grupos de personas y tienen el potencial para elevar la productividad e impulsar la expansión de la producción de toda la economía. Al respecto, se mencionan las tecnologías digitales, las financieras y las actividades relacionadas con el turismo, la recreación, el cuidado, los restaurantes y otros.

Además de su capacidad para la generación de empleo, otra de las ventajas del crecimiento del sector de los servicios es que su impacto ambiental es, por lo general, sustancialmente menor que el de la industria, la agricultura, para no hablar de sectores como la minería.

Uno de los corolarios de una estrategia de crecimiento de los servicios es la necesidad de adaptar en forma decidida el contenido de la educación secundaria y terciaria con el objeto de capacitar a las personas para aprovechar las oportunidades que ofrecen las nuevas perspectivas económicas.

No deja de sorprender que, a pesar de que desde hace años varios expertos en desarrollo económico vienen señalando estos hechos, en Colombia, al comienzo del gobierno anterior, se lanzó, con bombos y platillos, un plan para reindustrializar a Colombia, una estrategia evidentemente basada en la penúltima moda en esta materia. Y de acuerdo con este propósito, por lo general, como respuesta a diversas presiones, se pasó a sobreproteger con aranceles a ciertas industrias dotadas con tecnologías de antaño. Además de elevar algunos precios, con perjuicio para los consumidores del país, este plan poco o nada contribuyó al crecimiento de la economía y al bienestar de los colombianos.

Aunque la industria del país puede aprovechar algunos nichos en el mercado mundial, Colombia no puede fundamentar toda su estrategia de crecimiento en sus manufacturas.

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