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El nuevo nobel y Colombia

Armando Montenegro

17 de octubre de 2021 - 12:30 a. m.

Joshua Angrist, profesor de MIT, uno de los ganadores del Premio Nobel de Economía este año por sus contribuciones al estudio de las relaciones de causalidad entre distintas variables, realizó junto con otros profesionales destacadas investigaciones sobre un exitoso programa educativo de Colombia y el efecto de las siembras de coca en este país.

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En dos importantes publicaciones en el American Economic Review de 2002 y 2006, Angrist y sus colegas —entre ellos otro premio nobel, el economista de Harvard Michael Kremer— analizaron el impacto social de PACES, un ambicioso programa de becas para 125.000 estudiantes de bachillerato, creado por el gobierno Gaviria en 1991. Sus análisis causales mostraron que quienes se beneficiaron de PACES registraron una menor deserción escolar, mejores resultados en las pruebas del ICFES y mayores tasas de terminación del bachillerato, así como una reducción en el número de matrimonios tempranos.

A medida que pasaron los años, animados por el interés y los estudios previos de Angrist y sus coautores, los distintos trabajos que siguieron analizando la vida de los beneficiarios de PACES mostraron que estos tuvieron, primero, mejor desempeño en la educación terciaria y, luego, mejores resultados laborales en términos de ingresos y de la probabilidad de pertenecer a la clase media. Los análisis de costo beneficio, además, probaron que este programa fue ampliamente rentable en términos sociales y tributarios. Sin embargo, a pesar de su éxito, de los beneficios para miles de jóvenes de los estratos 1 y 2, y del reconocimiento académico internacional, PACES fue suspendido en la segunda mitad de los 90 como consecuencia de la presión sindical, con la complacencia del Gobierno de la época.

En 2008 Angrist y la economista colombiana Adriana Kugler analizaron el impacto del gran incremento de las siembras de coca en Colombia a partir de 1994, después de que los esfuerzos de interdicción sobre el narcotráfico en Perú y Bolivia hicieran que la producción de esa planta se desplazara a nuestro medio. Lo primero que encontraron los autores fue que el crecimiento de las siembras de coca generó mayor violencia, en línea con los estudios que predicen la asociación directa de un auge de recursos monetarios con la violencia (y no una relación entre la pobreza y la violencia, como a veces se postula). Pero lo más interesante es que no hallaron evidencia de que con la expansión del gran negocio de la coca en amplias zonas apartadas mejoraran las condiciones de vida de su población rural, salvo por algunos efectos relativamente menores en el mercado de trabajo. De este estudio se concluye que el grueso de los beneficios del negocio de la coca se concentran en los narcotraficantes y los poderosos grupos armados que los protegen.

Además de su interés directo en estos problemas del país, la gran contribución de Angrist ha sido el desarrollo de técnicas estadísticas de evaluación de impacto, que hoy se usan ampliamente en las diferentes ciencias sociales y que permiten analizar y evaluar los efectos de distintas políticas y decisiones de los gobiernos que, si se tienen en cuenta y se evita la influencia dañina de los grupos de presión (como la que provocó la muerte del programa PACES), pueden beneficiar a los más pobres y mejorar la distribución del ingreso.

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