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LA SEMANA PASADA, EN MEDIO DE las preocupantes noticias sobre el avance de la crisis económica, se anunció que el Presidente de la República había estado buscando empresarios, y no economistas monetarios, para reemplazar a dos distinguidos miembros de la junta directiva del Banco de la República.
Así como el correcto funcionamiento de los organismos militares o judiciales requiere de verdaderos expertos —personas que se han preparado para ejercer tareas militares o judiciales—, el manejo de la banca central exige el concurso de profesionales especializados de las más altas calidades y competencias. Por ello, la mayoría de los países civilizados ha decidido que sus bancas centrales autónomas sean conducidas por personas capaces de ejercer una compleja disciplina que mezcla profundos conocimientos económicos con una larga tradición del manejo de modelos y estadísticas monetarias, cambiarias y productivas.
Por este motivo, en los países con mayor desarrollo institucional se busca que aquellos economistas que han dedicado su vida a los asuntos académicos o prácticos de la moneda, el cambio y la banca, hagan parte de sus bancos centrales. Se reconoce que incluso los economistas genéricos, sin una preparación especial en los temas de la banca central, no tienen la capacidad de formar parte de las directivas de estas entidades.
Nombrar empresarios (o, es lo mismo, nombrar sacerdotes, futbolistas, pilotos, actores, buhoneros, maquinistas o panaderos) en los cargos de la banca central constituye un grave error. Revela un profundo desconocimiento de las funciones del Banco de la República, de sus responsabilidades con la Nación.
Se ha argumentado que se quiere nombrar a empresarios porque éstos, supuestamente, tienen un mejor conocimiento práctico del funcionamiento de la economía del país (se supone que habrían apoyado, en línea con sus intereses y con las preferencias del Ejecutivo, una mayor devaluación o una más rápida reducción de las tasas de interés en los meses pasados). La misión del Banco Central no consiste en velar por las utilidades de algunos miembros escogidos de la sociedad. La Constitución le ordena al Banco de la República que mantenga a raya la inflación, que preserve el sistema de pagos y la estabilidad financiera, que asegure el correcto desempeño de toda la economía. El análisis conjunto de todos estos temas exige una preparación especial, propia de economistas altamente especializados.
Hacer frente a la actual crisis económica requiere que se conformen los mejores equipos de economistas en los cargos especializados del Estado. Sería un grave error que, a la interinidad y desconcierto en varias dependencias económicas del Ejecutivo, se sumara ahora el desplome de la calidad de la junta directiva del Banco de la República. La llamada “confianza inversionista” quedaría seriamente afectada. Podrían deteriorarse las calificaciones de riesgo del país.
Tenemos la confianza de que, al final, consciente de sus responsabilidades, el Presidente escogerá profesionales idóneos, capaces de desempeñar las difíciles tareas de la banca central. Y si éste insiste en nombrar personas desconocedoras de los temas monetarios y cambiarios, nos queda la esperanza de que los escogidos, conscientes de su incapacidad para desempeñar funciones extrañas a su formación, no acepten dichos nombramientos.
