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Fertilidad y pandemia

En enero de 1996 se presentó en el este de Estados Unidos una enorme tormenta que causó una gran acumulación de nieve que impidió el tránsito de vehículos y obligó al cierre de las oficinas, colegios y supermercados por más de tres días. Las familias no tuvieron más remedio que encerrarse en sus casas, gozar de una inesperada temporada de ocio, en su mayoría abrigadas y protegidas. Acudieron a sus reservas de alimentos y, confinadas, pasaron una inesperada vacación que se extendió durante el fin de semana siguiente. Las estadísticas de la zona de Washington DC y Maryland muestran que nueve meses después se produjo un notable incremento, de casi el 50 %, en los nacimientos y en las distintas tareas relacionadas con la atención de la maternidad. Los nacidos en esa época se denominan “bebés de la tormenta”.

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Quienes analizan los impactos de estos fenómenos en la demografía han llegado a dos conclusiones. Los encierros masivos, obligados por tormentas no catastróficas, como la de enero de 1996, tienden a incrementar los nacimientos en los meses siguientes. En cambio, la fertilidad disminuye después de los confinamientos inducidos por los efectos de huracanes y tornados que amenazan y llenan de temores a las personas expuestas a su paso (el impacto del famoso Katrina es un ejemplo conocido).

Divulgados estos estudios, era obvio que algunos economistas decidieran analizar el efecto del prolongado encierro provocado por la pandemia del Covid sobre la fertilidad. Los resultados son interesantes.

En general, las investigaciones muestran que, como consecuencia de los confinamientos y el clima de incertidumbre y zozobra generado por la pandemia, cayeron los nacimientos en casi todo el mundo. Entre otras razones se mencionan la pérdida de ingresos y trabajos, el miedo y los temores, así como las dificultades para conciliar la vida doméstica en medio del obligado enclaustramiento con las exigencias de los trabajos a distancia.

La mayor diferencia entre el confinamiento de la pandemia y los encierros de unos pocos días consiste, precisamente, en que, a raíz del Covid, las personas se vieron obligadas a trabajar a distancia por un período prolongado. Las causas de la caída de la fertilidad en estas condiciones se originan en las exigencias, especialmente para las mujeres, de hacer frente a sus compromisos laborales desde sus viviendas, junto con sus tareas de cuidado de sus hijos recluidos y las demás ocupaciones del hogar, todo esto en un entorno de incertidumbre sobre la duración y la intensidad de la pandemia. Una investigación de Andrew Johnson arroja luces sobre el impacto negativo del aumento del trabajo a distancia sobre la fertilidad entre profesionales de Estados Unidos a partir de 2020.

Por otra parte, el descenso de la fertilidad desde los tiempos de la pandemia está asociado también a la drástica disminución de las reuniones, la asistencia a bares y restaurantes y otros sitios de contacto entre los jóvenes, fenómenos acompañados del mayor uso de la pornografía y la difusión de distintas formas de actividades sexuales a distancia a través de las tecnologías digitales.

No se conocen este tipo de estudios sobre la relación entre el confinamiento por el Covid y la aguda caída de la fertilidad en Colombia.

Andrew C. Johnson (2026) Does remote work increase fertility?, NBER, WP. 35881

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