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Golpes externos

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Armando Montenegro
22 de enero de 2008 - 05:14 p. m.
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La caída de las exportaciones a Venezuela y la recesión de Estados Unidos son ya dos hechos ciertos. Hay que hacerles frente.

El daño se transmitirá a la producción y al empleo a través de dos vías. La primera, la reducción de las exportaciones no tradicionales, industriales y agrícolas. La segunda —sólo si se generaliza el deterioro de la situación internacional o si la economía colombiana se percibe en mal estado—, por la suspensión de los flujos de inversión y financiación. Esto último podría causar un serio problema al conjunto del aparato productivo.

La reacción de la política económica depende del diagnóstico de la situación doméstica. La economía viene con el fuerte impulso que trae de 2007: una inversión récord y alto consumo de los hogares. La inflación está creciendo por el exceso de demanda y los onerosos precios del petróleo y los alimentos importados; la revaluación es fuerte, el déficit externo enorme y el fiscal va en aumento. Y la tasa de desempleo, a pesar del dinámico crecimiento, apenas si bajó del 10% al final de 2007.

 Con una buena política, la economía debería absorber bien los choques externos (siempre y cuando no se profundice la crisis internacional). De todas formas, se pagará un costo: el crecimiento bajará a un rango entre 4% y 4,5%, todavía satisfactorio en una perspectiva histórica; el desempleo sufrirá algún incremento y varios sectores exportadores tendrán problemas severos.

El manejo de la situación debería basarse en tres pilares: una política macroeconómica orientada a mantener el atractivo de la economía (y evitar la estampida en caso de que se deteriore la situación externa); el estímulo de los sectores dinámicos, energía, transporte, minería, entre otros, para mantener el auge de la inversión; y un apoyo decidido del gobierno al esfuerzo antiinflacionario.

En el área macroeconómica, deben tomarse las medidas necesarias para mostrarle al mundo que Colombia es un mejor riesgo que otros países emergentes, que no es sujeto fácil de contagio y que va a seguir atrayendo inversión extranjera. Este esfuerzo debe concentrarse en proteger los resultados fiscales y crediticios. A diferencia de los países mejor manejados, que enfrentan estas crisis con superávit, Colombia no tiene margen para estimular la economía por medio de gasto público. Este es el costo de no haber ahorrado más en los años de vacas gordas.

Debe ponerse en marcha, al más alto nivel, un plan de apoyo, flexibilización y aceleración de los grandes proyectos de inversión, públicos y privados, que están en curso o están por comenzar (hay muchísimo por hacer: facilitar y optimizar los tiempos y las condiciones de las licitaciones, emitir a tiempo los permisos, eliminar regulaciones obstructivas). El impulso de estos proyectos debería compensar el deterioro que causarán los sectores golpeados por las menores exportaciones.

Como el Banco de la República no tiene margen para seguir subiendo la tasa de interés para combatir la inflación (menos aún cuando los demás bancos centrales hacen lo contrario), es fundamental que el Conpes, y no organismos sectoriales, estudie todas las medidas necesarias para hacer frente a la inflación importada, sobre todo la de alimentos. Más allá de las consideraciones particulares, expertos como Pilar Esguerra sostienen que hay un amplio margen para reducir los aranceles y eliminar cupos de importación y otras restricciones dañinas. Si se toman estas medidas que atacan de raíz el aumento de los precios de los alimentos importados, el Banco Emisor podrá, incluso, reducir sus tasas de intervención y facilitar así el desempeño de la economía.

Un plan de esta naturaleza debería adoptarse en los próximos días, de tal manera que los inversionistas puedan mantener la confianza de que el país va a seguir por una senda de alto crecimiento.

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