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Poco a poco se van manifestando los desastrosos efectos del incremento del salario mínimo en un 23 %, decretado por el Gobierno a finales del año pasado. Las proyecciones de la inflación son alarmantes: se ubicará entre el 6 % y el 7 % este año; el déficit fiscal se elevará por lo menos en $ 5 billones; el desempleo subirá cerca de un punto porcentual. La informalidad, necesariamente, se disparará, pero es difícil estimar ahora el impacto definitivo.
Ante un shock de esta naturaleza, las distintas instituciones, los variados agentes y actores económicos ya están reaccionando y tomando medidas defensivas.
Debido al desborde inflacionario, el Banco de la República se verá obligado a elevar significativamente sus tasas de interés. Varios analistas estiman que las aumentará en cerca de 200 puntos básicos. El Emisor no tiene más remedio que tomar esta medida para cumplir con sus responsabilidades constitucionales y legales. Esta decisión, además, irremediablemente afectará el crecimiento económico de este año.
En cuanto al mercado laboral, quienes no pueden pagar los elevados costos de sus trabajadores tendrán que disminuir el tamaño de sus plantas de personal; otros no despedirán a sus empleados, pero pactarán con ellos salarios por debajo del mínimo y los arrojarán a la informalidad.
Algunas firmas y ciertas organizaciones tienen la posibilidad de reducir el número de sus empleados mediante el uso de equipos de automatización y aparatos que reemplazan el trabajo humano. Existen tecnologías disponibles que, con el estímulo del gran incremento del salario mínimo, se introducirán en forma masiva en el país.
Esto no es una novedad. Desde hace décadas los cajeros automáticos de los bancos y otras entidades, entre ellas los parqueaderos de centros comerciales y edificios modernos, realizan las funciones que antes empleaban a miles de personas.
Algunos supermercados están utilizando en forma creciente equipos que leen los precios, reciben los pagos por medio de tarjetas y expiden facturas. Una cadena de comida rápida está incorporando cajeros inteligentes que toman las órdenes, registran los pagos e imprimen los recibos.
Gracias a Petro también se avecina el uso masivo de dispositivos en los edificios y conjuntos residenciales para reemplazar a un buen número de porteros y vigilantes. Esto es necesario para evitar el alza de las cuotas de administración por encima del 30 % anual (cuatro iniciativas del Gobierno impulsan el aumento de estas cuotas: el incremento del salario mínimo; el recargo por el trabajo después de la 7:00 p. m.; el sobrecosto por el trabajo dominical y en días festivos, y la reducción de la jornada laboral a 42 horas).
Varios edificios de la ciudad ya están instalando equipos inteligentes, con tecnologías digitales, reconocimiento facial y otros instrumentos para controlar y registrar el acceso a los inmuebles. Estas tecnologías, incluyendo sistemas sencillos de portería y vigilancia, ya se utilizan masivamente en las ciudades de los países donde los salarios son elevados. Pronto se generalizarán en Colombia, incluso en inmuebles de estratos medios y bajos. Mucha gente quedará en la calle.
Como se ha comprobado en otras latitudes, el populismo daña a quienes dice defender: los más débiles y los más pobres, aquellos que no tienen capacidad de protegerse de sus abusos y despropósitos.
