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Impulso a la informalidad

Armando Montenegro

11 de marzo de 2023 - 09:05 p. m.

Muchas veces los programas aislados, con buenas intenciones y el propósito de beneficiar a algún sector o a un grupo de la sociedad, terminan teniendo efectos distintos, a veces contrarios a los esperados por sus gestores. Al respecto, la combinación del apoyo a la llamada “economía popular” con la reforma laboral del gobierno ampliará la informalidad, con consecuencias adversas sobre la productividad, el crecimiento y las posibilidades de reducir la pobreza en el largo plazo.

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La transferencia de recursos públicos a personas y microempresas de la “economía popular”, –aquellas que hoy no tienen acceso al crédito y no participan en los circuitos de la economía moderna– puede aliviar en el corto plazo las dificultades de gente que hoy está sumida en la informalidad, la pobreza y el rebusque. Pero, sin un programa de transición, orientado a lograr su vinculación a la economía formal, sin medidas complementarias que eliminen los obstáculos para hacerlo, muchas empresas pequeñas se conformarán con los subsidios y desistirán de los objetivos de crecer, adquirir tecnología y vincularse al grueso de la economía colombiana (se daría un efecto semejante al de las personas que hoy prefieren no tener un contrato de trabajo, devengar un salario mínimo y cumplir con las contribuciones a la seguridad social, para no perder algunos de los subsidios del Estado).

El impacto de la reforma laboral que propone el gobierno también es bien predecible. Al reducir la jornada laboral, ampliar las horas extras, aumentar la estabilidad y dificultar los despidos, se elevarán los costos de las empresas y se beneficiarán las personas que hoy tienen o pueden tener un empleo formal. Las firmas grandes y medianas, aunque con dificultades, podrán ajustarse a las nuevas condiciones. Sin embargo, las más afectadas serán las pequeñas empresas, aquellas que están en la frontera de la informalidad. Y será más difícil que los microempresarios de la economía popular puedan alguna vez llegar a la formalidad. Los mayores costos se los impedirá. En lugar de aspirar a expandirse y lograr una capacidad de crecimiento autosostenido, exigirán mayores apoyos a la “economía popular”.

Y cuando se analizan en forma conjunta los efectos de las dos iniciativas –la economía popular y la reforma laboral del gobierno–, es claro que se magnificará la brecha entre el sector formal y el informal, y que éste crecerá en forma significativa. Aunque se podría pensar que, en el corto plazo, se dinamizarán y, tal vez, mejorarán algunas condiciones económicas de la gente del rebusque, la que trabaja por cuenta propia, las de las diminutas empresas al margen de la economía moderna, el impacto sobre el conjunto de la sociedad y el aparato productivo será negativo. La mayor atomización de la producción en pequeñas unidades, incapaces de salir adelante por sí solas, con bajísima productividad, sin mecanismos de modernización y adopción de tecnología, con incentivos para seguir siendo pequeñas, restará las posibilidades de expansión de la economía. Como ha insistido Santiago Levi, a nivel macroeconómico se agudizará el problema del lento incremento de la productividad y se frenará el crecimiento. Así será muy difícil que se eleven los estándares de vida de la población. Solo con subsidios, sin crecimiento económico, es imposible reducir la pobreza en el largo plazo.

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