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La economía en 2023

Armando Montenegro

15 de enero de 2023 - 12:00 a. m.

Cuando se miran los complejos pronósticos de la economía colombiana en este año, es difícil no recordar la maldición china que desea que se vivan tiempos interesantes.

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Comencemos por la inflación. El alza de los precios en 2022, empujada fundamentalmente por una gran presión de demanda, fue del 13,12 % anual, muy por encima de lo que esperaba la mayoría de los analistas. Y el fenómeno está vivo. Es posible que, otra vez en enero, al incorporarse el aumento del salario mínimo a los costos y contratos, se observe una subida adicional de los índices de precios. En cualquier caso, la inflación de 2023 se mantendrá alta y al final del año difícilmente bajará del 8,5 %.

Ante esta situación, la junta directiva del Banco de la República no tiene más remedio que seguir elevando sus tasas de interés. El mercado espera un alza de 75 a 100 puntos básicos en enero y, probablemente, algo más en marzo. Dicha tasa de intervención, de más del 13 %, tendrá que mantenerse durante buena parte del año, hasta algunos meses después de que la inflación dé muestras firmes de haber agachado la cabeza. En otras palabras, habrá dinero caro a lo largo de casi todo 2023.

La trayectoria del crédito al sector privado será crítica. Después de los elevados crecimientos en 2022, especialmente del crédito de consumo, se observará un brusco frenazo este año, el cual se verá reflejado en un mayor costo adicional de los préstamos y una menor disponibilidad de recursos para prestar.

Las altas tasas de interés, el crédito caro y la desaceleración externa se encargarán de limitar el crecimiento de la demanda y la expansión de la economía este año. El pronóstico más bajo, el del Banco de la República, habla de un crecimiento del PIB del 0,5 %, y, algo más optimista, el Ministerio de Hacienda predice un 1,3 %.

Los analistas del crecimiento económico están estudiando el impacto del fuerte y rápido incremento de los ingresos tributarios, el resultado conjunto de las reformas tributarias de Duque y Petro (Restrepo-Ocampo), que harán que en apenas tres años los recaudos como proporción del PIB pasen del 14 % hasta casi un 21 %, según el Ministerio de Hacienda (si se cumplen estos pronósticos, el Gobierno central de Colombia alcanzaría unos recaudos comparables con los de los principales países de América Latina). Es claro que, sin incrementos en la productividad, el veloz aumento de una carga tributaria de esta magnitud, fundamentalmente impuesta a las empresas (más allá de lo que sugieren los simples multiplicadores de corto plazo), afectará el crecimiento potencial de la economía, entre otras cosas, a través del costo de uso del capital.

Un efecto positivo, derivado de la brusca reducción de la demanda agregada en 2023, será la mejoría del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que bajará de cerca del 6 % del PIB a menos del 4 %, un hecho que disminuirá la vulnerabilidad de la economía a los problemas de financiación producto de eventos adversos de los mercados de capitales.

Como resultado, la mayoría de los analistas prevé un incremento del desempleo y la pobreza, especialmente por el menor crecimiento y el impacto de los grandes aumentos de los precios de los alimentos. Se espera con interés el pronunciamiento del DANE en esta materias.

Este, sin duda, será un año interesante.

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