La actividad productiva, la inversión y el consumo están recibiendo el impacto negativo del enorme e insostenible déficit fiscal que se mantiene en cerca del 7 % del PIB y cuyo financiamiento exige un costoso y preocupante aumento de la deuda pública.
El DANE reveló que el PIB creció apenas un 2,6 % en 2025, una cifra menor a lo esperada unos meses atrás. En buena parte, este hecho se originó en un debilitamiento de la inversión, las ventas al exterior y la producción de importantes rubros del sector privado. En cambio, el consumo público creció a la insostenible tasa del 7,1 % anual, resultado del vigoroso aumento del gasto estatal, fruto, entre otras cosas, del crecimiento de la burocracia (con una expansión de 121.000 empleos, según el mismo DANE).
El enorme déficit público tiene consecuencias nocivas para el sector privado. La más dañina se produce a través de las mayores tasas de interés, resultado de la necesidad del gobierno de captar volúmenes crecientes de recursos para mantener su desbocado tren de gasto. Debido al insostenible aumento de la deuda pública, el riesgo de insolvencia ha aumentado, un hecho que obliga a que el Ministerio de Hacienda pague tasas cada vez más altas por los TES y otros instrumentos de financiación. Ya que así le arrebata recursos del sector financiero, la tasa de interés del crédito de toda la economía recibe el impacto alcista. De esta forma, se golpea el consumo y la inversión privada (este fenómeno se conoce como crowding-out o desplazamiento de la actividad privada por la expansión de la pública).
El déficit y el exceso de gasto público también dañan el sector externo de la economía. Como el consumo doméstico es superior al volumen de la producción local, buena parte de la demanda se dirige hacia el exterior, y produce el aumento de las importaciones, lo cual agrava el déficit comercial del país. Este problema se acentúa porque la copiosa financiación del gobierno en el exterior, atraída y facilitada por las altísimas tasas de interés, por medio de créditos y emisiones de bonos en dólares que se venden en el mercado local, ha reforzado la pronunciada revaluación del peso, un fenómeno que estimula las importaciones, que crecieron un 8,4 % en 2025, y golpea nuestras exportaciones que apenas se expandieron en un 1,8 % en dicho año.
Este año no pinta mejor que el anterior. Prácticamente todos los analistas predicen un menor crecimiento que en 2025. La debilidad de la actividad productiva se seguirá presentando con intensidad. A la tendencia alcista de las tasas de interés causada por los TES se ha sumado el inevitable incremento de la tasa de intervención del Banco de la República para contrarrestar el impacto inflacionario del aumento del salario mínimo. Las exportaciones seguirán estancadas y las importaciones disparadas. La incertidumbre electoral y la inestabilidad causada por las medidas tributarias que se anuncian sobre las sucesivas emergencias económicas que decreta el gobierno seguirán afectando en forma negativa la inversión de las empresas.
Para evitar grandes complicaciones en el futuro, es indispensable queel gobierno que se posesione en agosto próximo tome profundas medidas correctivas. Ojalá los candidatos con opciones entiendan la magnitud de los problemas de la herencia que ambicionan y que, codo a codo, compiten por recibir.