Es muy posible que, en las próximas décadas, cuando se refieran a la presidencia de Iván Duque, los libros de historia se concentren casi exclusivamente en la crisis del coronavirus, las dificultades de su manejo y sus profundas y duraderas consecuencias en la vida económica y social del país. Para bien o para mal, las iniciativas, problemas y batallas de los primeros meses de la administración del joven presidente quedarán relegados por la pandemia y su enorme impacto sobre la vida del país. Los escritos especializados se detendrán en la llegada del virus a comienzos de 2020, la cuarentena, la recesión, el aumento de la pobreza, las medidas de emergencia y los obstáculos para conseguir la reactivación económica en los años siguientes. Dirán, con seguridad, que la campaña presidencial de 2022 giró alrededor de la solución de los problemas económicos y sociales, y, sobre todo, de las transformaciones necesarias para asegurar un manejo adecuado de las tensiones, desbalances y desafíos que dejó la crisis.
Es probable que la historia compare las decisiones del presidente Duque con las de otros mandatarios al final de la cuarentena de 2020, un encierro durante el cual se preparó el sistema de salud de los distintos países, más o menos al mismo tiempo, para hacer frente a los contagios que se esperaban en los meses siguientes. Se insistirá en que, para tomar la delicada decisión de finalizar el confinamiento, un riesgo calculado sobre el futuro de la vida de las personas, los empleos y la economía, los mandatarios tuvieron que ponderar la disponibilidad de pruebas y equipos hospitalarios y tener en cuenta la necesidad de que millones de personas volvieran a tener trabajo y fuentes de ingreso en condiciones seguras.
En cuanto al manejo político, los libros mencionarán que, por fortuna, justo antes de la crisis el presidente Duque había realizado algunos acuerdos que le permitieron ampliar su margen de gobernabilidad y contar con un mayor respaldo parlamentario. Dirán también que, ante la magnitud de la emergencia, muchas disputas y conflictos que antes copaban la atención de los políticos, la prensa y los analistas pasaron a un segundo plano. Los asuntos inmediatos, de la vida y de la muerte, concentraron durante muchos meses la atención nacional.
Hasta aquí es fácil anticipar lo que contará la historia sobre esta crisis. De allí en adelante, como es natural, nada es claro. No se sabe si, por ejemplo, para el manejo de la emergencia en la segunda mitad de 2020 y, sobre todo, a lo largo de 2021, los textos dirán que el presidente buscó y logró un acuerdo político con la mayoría de los partidos y movimientos sociales sobre sus delicadas decisiones que permitieron sortear los grandes problemas de la salud y la recuperación. O, por el contrario, ¿dirá la historia que, en medio de las graves dificultades y tensiones sociales de esos años, el país se sumió de nuevo en una destructiva polarización política, caracterizada por acusaciones, recriminaciones y juicios políticos que debilitaron las instituciones y crearon el peligroso clima que rodeó las elecciones de 2022?
En cualquier caso, los libros de historia coincidirán en que muchas cosas del país, entre otras, en materia cultural, laboral y una variedad de aspectos de la vida económica y social, cambiaron para siempre a raíz de la pandemia de 2020.