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La lucha contra el hambre

Armando Montenegro
28 de agosto de 2022 - 00:30 a. m.

Tiene razón el gobierno del presidente Petro en proponer una cruzada contra el hambre. Y da tranquilidad que su diseño esté a cargo de la ministra de Agricultura, Cecilia López.

Sin embargo, causan inquietud las noticias que dicen que se están revisando propuestas para resucitar algunas funciones del Idema, una desastrada entidad que en algún momento llegó a tener distribución mayorista y minorista de alimentos en buena parte del país.

Los estudios internacionales, entre ellos los de los premios Nobel Banerjee y Duflo, advierten que el diseño de las políticas contra el hambre debe considerar experiencias y estudios de factores institucionales y del comportamiento de los pobres en sus decisiones de gasto.

La distribución directa de comida a los hogares, por ejemplo, está asociada a enormes problemas logísticos, daños y pérdidas en el almacenamiento y transporte de alimentos; y alto riesgo de corrupción; ¿recuerdan el Idema? La experiencia de varios países de Asia y África revela los enormes costos de esta política y la gran filtración de los recursos que impide que buena parte de ellos beneficie a los pobres.

Una recomendación de los autores citados es que un segmento importante de los programas se enfoque en la nutrición de las mujeres embarazadas y en los niños, en sus primeros meses de vida y en la educación preescolar, no solo con alimentos enriquecidos, sino con medidas de salud pública como tratamientos antiparasitarios y de saneamiento (agua potable y educación sobre higiene).

La experiencia internacional y numerosos estudios académicos podrían orientar el diseño de un efectivo programa contra el hambre. Al respecto, dos buenos instrumentos son: (i) las transferencias monetarias directas a los pobres, a la manera de Ingreso Solidario o Familias en Acción, probablemente condicionadas a la realización de actividades de nutrición, del tipo de las que ya involucra Familias en Acción; o (ii) cupones o vouchers para comprar alimentos nutritivos, semejantes a los instrumentos que creó el PAN (Plan Nacional de Nutrición) en los años setenta con el diseño del DNP bajo la dirección de Miguel Urrutia.

Se sabe también que la utilización de transferencias financieras digitales fue muy útil para sortear con éxito en varios países la reciente emergencia alimentaria creada por la pandemia.

El diseño y la discusión del programa contra el hambre deberían ser una parte integral de la estrategia de lucha contra la pobreza e, idealmente, utilizar los mismos instrumentos, de acuerdo con un diseño general.

En esta materia, es indispensable considerar que, como lo señalan los expertos, la desnutrición no sólo es causada por falta de recursos monetarios o carencia física de alimentos. Los aspectos de saneamiento y salud pública son fundamentales, al igual que la calidad nutritiva de los alimentos y no solo su cantidad (esto puede ser compatible con las propuestas tributarias sobre alimentos saludables).

Mantener una abundante oferta agrícola, con bajos precios, es también un elemento clave de la necesaria política contra el hambre. Al respecto, ya hay evidencia de que el enorme aumento de los precios de los alimentos está causando todavía más pobreza y más hambre. Por lo tanto, es imperativo evitar políticas restrictivas que terminen encareciendo aún más el valor de los alimentos y creando más miseria.

 

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