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Gustavo Petro ha seguido repitiendo que hubo un monumental fraude en la elección que le dio la victoria a Abelardo de la Espriella. Como lo demostró con lujo de detalles el detector de mentiras de La Silla Vacía, este es un gran embuste, una falacia que tiene una clara intencionalidad política y que, además, revela preocupantes realidades de una dirigencia de izquierda doblegada por los delirios de su líder.
Petro está centrando su oposición al gobierno en el cuento de que De la Espriella es un presidente que llegó al poder por medio de una retorcida conspiración cibernética con la colaboración de fuerzas del exterior. Obviamente no para allí. Concluye que el pueblo agraviado debe desconocer y desobedecer al nuevo gobierno, protestar en las calles y prepararse para la reconquista del poder.
Con el cuento del fraude en los comicios de 2026, Petro acaba de plantar la piedra angular del proyecto de la izquierda colombiana en los próximos años. No es difícil encontrar semejanzas entre este discurso con la justificación del nacimiento de la guerrilla del M-19 como reacción a la disputada elección de Misael Pastrana en 1970.
La difusión de este tipo de mentiras suscita indignación y estimula la violencia por parte de quienes inocentemente las creen. Después de las acusaciones de Petro —atizadas y miles de veces reproducidas por sus agresivas bodegas en internet— se produjeron amenazas de muerte contra el registrador y las autoridades electorales. Es impredecible lo que la reiteración de este discurso ocasionará en los próximos meses.
La estrategia de Petro, como en muchos otros temas, tiene una notable similitud con las acciones de Donald Trump. El magnate norteamericano, sin ninguna evidencia, fundamentó su regreso al poder en el embuste de que la elección de Biden había sido fraudulenta. Instigó el brutal ataque contra el Congreso que produjo muertos y heridos. Y hoy, además, exige a todos sus seguidores y colaboradores, como un rito de iniciación y vinculación a su movimiento, su expresa y pública manifestación de que comparten la convicción de dicho fraude.
Así como los dirigentes del partido republicano deben aceptar las teorías conspirativas de Trump, con la imposición de esta patraña a sus seguidores, Petro solidifica su liderazgo sobre la izquierda. Al igual que los conservadores de Estados Unidos, los líderes del Pacto Histórico, hasta ahora, en su gran mayoría, defensores de la democracia y las instituciones, tienen que repetir dócilmente las mentiras de su líder. En esta materia, es sorprendente la actitud sumisa de Iván Cepeda, quien, por unos momentos, después de la elección, tuvo el valor, la independencia y la honradez republicana de reconocer el resultado adverso de las urnas, para luego recular, darle la espalda a la verdad y pasar a proclamar en forma obediente los delirios de su conductor.
Mientras los movimientos políticos de corte populista y mesiánico sean liderados por personajes con rasgos psicóticos, delirantes, que desconocen la verdad, los datos y las evidencias, la democracia corre un grave peligro. Sus mentiras y teorías conspirativas deben someterse, abiertamente, al examen y la contradicción por parte de todos, especialmente por aquellos que siguen sus orientaciones. La historia muestra con claridad los peligros de los proyectos políticos fundamentados en la mentira.
