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ACABA DE PUBLICARSE LA NUEVA historia económica de Colombia, editada por Salomón Kalmanovitz (Taurus, Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2010), un evento significativo no sólo por la calidad de la obra, sino por la previsible influencia de su editor en las ideas de la campaña de Mockus y Fajardo.
El texto incorpora los resultados de investigaciones recientes que reinterpretan extensos capítulos de la historia económica colombiana, un esfuerzo intelectual que ha sido animado por el propio Kalmanovitz, sus colaboradores y varios economistas del país y del exterior. El impacto de las instituciones económicas y políticas de la Colonia sobre la desigualdad, la pobreza y el crecimiento, permea toda la obra.
Entre tantas cosas, se destacan sus análisis del crecimiento económico y los asuntos fiscales en el siglo XIX. En esta materia, el libro acoge la tendencia reciente de revaluar el impacto de los gobiernos modernizadores que tuvieron lugar entre 1845 y 1885. Hasta hace algunos años, el juicio sobre lo ocurrido en ese período era invariablemente crítico, a causa de la extraña alianza de ciertos escritores conservadores y de izquierda (cuya síntesis se alcanzó en los escritos apologéticos de Indalecio Liévano sobre la Regeneración), quienes coincidían en su rechazo a la apertura comercial, el libre desarrollo financiero y la ampliación de la propiedad privada de la tierra rural.
Al igual que otros destacados investigadores, la obra señala la gran importancia de la reforma constitucional republicana de 1910, clave para el despegue del desarrollo económico del siglo XX, en un ambiente de estabilidad, paz y garantías políticas.
Entre los temas del desarrollo del siglo XX, Kalmanovitz favorece la tarea de reexaminar algunos elementos, antes aceptados sin ningún cuestionamiento, de los beneficios de la economía cafetera sobre el crecimiento y el desarrollo. El autor acoge la tesis de Adolfo Meisel que sostiene que el avance de las exportaciones cafeteras indujo la revaluación del peso y frenó las exportaciones industriales y agrícolas durante varias décadas, un hecho que, combinado con el cierre al comercio exterior y el racionamiento de las divisas de importación a favor de las empresas del centro del país, contribuyó al atraso relativo de los departamentos de las costas y las fronteras.
Kalmanovitz insiste en el alto costo económico y social del cierre al comercio exterior que se dio en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, que aisló al país de los beneficios de la gran expansión de la economía internacional que se dio en esos años y que sí aprovecharon las economías de Asia. También señala que la burda protección colombiana fomentó la ineficiencia y facilitó la transferencia de rentas a grupos escogidos, lo cual acentuó la mala distribución del ingreso.
El libro termina planteando varios interrogantes sobre el futuro de la economía colombiana, entre ellos, los serios desequilibrios fiscales, la desigualdad, la pobreza, el alto desempleo y la informalidad laboral. Y hace un especial énfasis en los peligros de la creciente orientación del aparato productivo hacia la minería, en ausencia de la necesarias reformas institucionales que pudieran proteger al país de los conocidos problemas de la denominada “maldición de los recursos naturales”, la misma que ya Colombia parece haber comenzado a padecer.
