El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La prioridad del cambio climático

Armando Montenegro

20 de febrero de 2021 - 10:00 p. m.

El impacto del cambio climático, anunciado durante décadas como un desastre del lejano futuro, ya se manifiesta en todo el mundo por medio de violentos fenómenos meteorológicos. Los científicos aseguran, además, que, sin decisiones rápidas y concretas, en pocos años el mundo pasará del punto de no retorno hacia el desastre. La buena noticia en esta materia es que, después del gobierno negacionista de Trump, promotor de los combustibles fósiles y enemigo de las energías alternativas, Biden llegó con un claro mandato de recuperar el tiempo perdido y ha puesto la causa ambiental en el centro de sus preocupaciones. Estados Unidos volvió al Acuerdo de París y está dispuesto a asumir el liderazgo en la lucha contra el calentamiento global.

PUBLICIDAD

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

En los próximos años, entre otras cosas, se expandirá la instalación de plantas de energía solar, eólica y nuclear. Con esta base, disminuirá la fabricación de carros que usan combustibles fósiles. Una muestra de lo que viene es lo sucedido con Tesla, empresa líder de vehículos eléctricos, que ya tiene un valor superior al de todos los productores de carros tradicionales. Y, para no quedarse atrás, todos ellos han anunciado la conversión de su producción a vehículos movidos por electricidad.

El necesario proceso de transformación energética dejará numerosos damnificados, entre ellos los negocios, proyectos y empleos vinculados a las actividades contaminantes. Para no ir muy lejos, como consecuencia del desmonte de plantas térmicas alimentadas con carbón en Europa y Estados Unidos, Colombia ya está sufriendo la reducción progresiva de su sector carbonero, que durante años fue el segundo exportador del país, creador de miles de empleos y ha contribuido con miles de millones de pesos a las zonas productoras. El impacto de este proceso irreversible se sentirá en forma especialmente aguda y creciente en la región Caribe.

Aunque tomará más tiempo, quizás un par de décadas, el sector petrolero padecerá un proceso semejante. Cuando el mundo avance en la descarbonización, el crudo perderá su valor y, en consecuencia, se disolverán los enormes circuitos operativos, laborales, tributarios y financieros montados a su alrededor a lo largo de más de un siglo. Vastas regiones y millones de personas perderán sus fuentes de ingreso. Y las hoy apreciadísimas reservas de crudo quedarán inservibles bajo tierra. Colombia también debe prepararse para hacer una transición ordenada del petróleo —una actividad fundamental para las finanzas públicas y la economía de importantes zonas del país— hacia energías limpias y procesos productivos alternativos basados en la innovación y el conocimiento, distintos a los de la industria y la agricultura del siglo pasado.

Con este objetivo en mente, uno de los propósitos de la próxima reforma tributaria debería dar las señales necesarias para que la economía se aleje del consumo de productos fósiles y se enfoque en actividades movidas por energía limpia. Entre otros rubros, se deberían ajustar los tributos al carbono, los combustibles fósiles y el uso y la adquisición de carros y motos, en especial los más contaminantes. No se puede esperar a que, como en otros campos, nos coja el tiempo y comencemos demasiado tarde.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.