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La extraordinaria biografía de Deng Xiaoping, escrita por el profesor Ezra Vogel (Deng Xiao Ping and the transformation of China, 2011), relata paso a paso las decisiones que tomó China a partir de 1978, que la llevaron a alcanzar el extraordinario crecimiento económico de los últimos 35 años.
Deng adoptó en 1978 la tesis de las Cuatro Modernizaciones, enunciada por Zhou Enlai en 1964, que señalaba que los científicos debían apoyar prioritariamente la modernización de la ciencia, la industria, la agricultura y la defensa de China.
Y se basó en esa tesis para lanzar un impulso decisivo a la economía por medio del incremento de la productividad. Se trataba de transformar el aparato productivo para que China se convirtiera en una economía rica, pues, en sus palabras, “ser socialista no significa ser pobre”.
Vogel muestra cómo, al comienzo, se impulsaron únicamente dos zonas económicas especiales, ambas receptoras de inversión extranjera, sujetas a normas de excepción, donde nació el milagro chino, el mismo que se fue extendiendo a otras zonas y, por distintas vías, a la mayoría del país.
Algo que llama la atención, en contraste con lo que sucede en otros países, es cómo las metas y los objetivos enunciados en los planes de finales de los setenta se convirtieron en realidad. El aparato de gobierno se volcó a hacer realidad lo que se discutió y se puso en marcha en los planes quinquenales. Lo que ha alcanzado China corresponde a los sueños y metas de Deng de hace 35 años.
Cuando se piensa en las cinco locomotoras colombianas (sector energético, vivienda, agricultura, infraestructura y nuevos sectores impulsados por la innovación), lo primero que aparece con claridad es que los dos primeros sí son locomotoras, en el sentido de que, por sí solos, impulsan la expansión económica. De hecho, las cifras de crecimiento del PIB de 2011 muestran que el sector energético y la vivienda son los sectores más dinámicos de la economía.
Pero dos, en realidad, no lo son. La infraestructura de transporte y la agricultura son verdaderos cuellos de botella. La estrechez y el atraso de las vías de transporte son un serio impedimento para el crecimiento del país. Y la agricultura es un sector que viene progresando a tasas ínfimas desde hace, por lo menos, ocho años.
Colombia necesita de una modernización completa de su infraestructura y su agricultura. Para lograrla son necesarios grandes cambios institucionales, aumentos presupuestales y vincular a decenas de los mejores profesionales a las agencias del Estado. Aunque este gobierno ya comenzó a realizar estos cambios, con seguridad la segunda administración de Santos tendrá que profundizarlos para hacer que estos dos sectores dejen de ser obstáculos para el crecimiento.
(La quinta locomotora, el crecimiento de nuevos sectores impulsados por la innovación, es un objetivo loable, pero que, pese a algunas señales positivas, todavía no jala la economía).
La historia del milagro chino ofrece numerosas enseñanzas sobre la claridad de los objetivos, la firmeza de las determinaciones y la persistencia en la búsqueda de los resultados. Nos muestra cómo, con flexibilidad e inteligencia, se corrigieron algunas decisiones erradas, se removieron funcionarios incompetentes y se ajustaron las estrategias. Todo esto para alcanzar con creces las metas buscadas.
