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Los Chicago Boys y la tecnocracia colombiana

Armando Montenegro

05 de agosto de 2023 - 09:05 p. m.

En los años 50, el Departamento de Estado de Estados Unidos lanzó el Proyecto Chile para entrenar a economistas de la Universidad Católica en la Universidad de Chicago, el santuario de Milton Friedman y otras estrellas de la economía de mercado. Los graduados volvieron como profesores y luego se incrustaron en la vida de su país.

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En su último libro, Sebastián Edwards afirma que proyectos semejantes se desarrollaron en Argentina, Brasil y Colombia. La evidencia que conocemos muestra que el despegue del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (CEDE) de la Universidad de los Andes contó con el apoyo de la Fundación Rockefeller y varios contratos del Gobierno norteamericano. Se enviaron estudiantes colombianos a Estados Unidos, que volvieron como profesores y algunos se vincularon al Gobierno.

Los estudiantes de la Católica fueron únicamente a la Universidad de Chicago, una escuela que predicaba el poder y la centralidad de los mercados y rechazaba el keynesianismo y la intervención estatal. En cambio, los de la Universidad de los Andes se matricularon en diferentes universidades de Estados Unidos, con distintas orientaciones tanto conceptuales como profesionales.

Desde los años 60 en Chile se formó un grupo —los Chicago Boys—, compactado alrededor de las ideas aprendidas en su alma mater, que preparó un programa de reformas para su país. Sus enemigos eran la planeación, la protección y el crecimiento del Estado. Esto no sucedió en Colombia. No hubo espíritu de cuerpo entre los economistas graduados en Estados Unidos y algunos de ellos, incluso, fueron apasionados defensores de las ideas de la CEPAL y el proteccionismo.

Sin embargo, la mayor diferencia se presentó en el escenario político en el que actuaron. Los Chicago Boys hicieron la política económica de Pinochet, quien les permitió llevar a la práctica muchas de sus ideas. Los tecnócratas colombianos, en cambio, se movieron en medio de la democracia doméstica. Sus proyectos tuvieron que ser aprobados por el Congreso y examinados por las cortes. Debieron negociar, hacer concesiones y lidiar con el clientelismo (algunas reformas altamente imperfectas dan fe de las transacciones realizadas).

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Edwards señala que las ideas de los Chicago Boys colonizaron las mentes de los gobiernos posteriores al de Pinochet y piensa que esto contribuyó a crear el malestar que llevó a la explosión social en su país. Hoy favorece reformas que garanticen los derechos sociales de todos los chilenos.

En Colombia, la Constitución de 1991, fruto de un amplio consenso democrático, consagró y extendió numerosos derechos sociales y abrió el espacio para nuevas reformas económicas. Incorporó la posibilidad de que algunos servicios, antes exclusivamente estatales, pudieran ser prestados por agentes privados, siempre en un marco de regulación y supervisión del Estado.

El libro de Edwards, por contraste, nos invita a reflexionar sobre la historia de los tecnócratas colombianos. Por carecer de una ideología que los aglutine (como la de Chicago), han sido más pragmáticos y menos cohesionados alrededor de proyectos y visiones de la sociedad. Han estado comprometidos con importantes reformas sociales, entre ellas, la que creó el sistema de salud, que hoy presta servicios superiores al que reciben los chilenos más pobres.

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Sebastián Edwards (2023). The Chile Project. Princeton University Press.

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