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La situación macroeconómica del país está desajustada. El preocupante nivel de algunas variables recuerda, en alguna medida, lo que sucedía en los años 1981-82 y 1997-98, en vísperas de las crisis desatadas por los fuertes shocks externos que golpearon a una economía altamente vulnerable.
Una de las mayores fuentes de preocupación es la política fiscal. Las proyecciones de recaudos caen, el gasto se mantiene elevado y, hasta ahora, las medidas de ajuste han sido insuficientes. En cada una de las últimas revisiones ha crecido el tamaño proyectado del déficit fiscal de este año. El prestigioso Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) acaba de señalar que, si se quiere cumplir con la regla fiscal de 2024, el Gobierno debe realizar nuevos recortes presupuestales en los próximos meses. Las agencias calificadoras de riesgo han lanzado repetidas advertencias y se espera la respuesta de las autoridades.
Por su parte, el crecimiento de la economía y el desempeño de sectores clave, como la industria y el comercio, siguen siendo claramente negativos. Se mantienen en rojo las cifras del consumo privado, el crédito de consumo y, sobre todo, la acumulación de capital. Y lo peor es que, en medio de la incertidumbre, el temor y el deterioro de la seguridad, será difícil que la inversión privada se recupere en este y el próximo año. La construcción de infraestructura es mínima y muchas empresas, con excepción de la rutinaria inversión en mantenimiento, por lo general, no tienen planes de expansión. Un crecimiento previsto del PIB apenas superior al 1,5 % anual, bastante por debajo del llamado crecimiento potencial, no permitirá elevar el nivel de vida y reducir la pobreza de los colombianos en los próximos años.
Como si lo anterior fuera poco, la tasa de inflación, una variable que usualmente baja con la desaceleración económica, ha dejado de caer y, en cambio, tuvo un pequeño y preocupante salto en junio. El ritmo de crecimiento de los precios se ha sostenido, por tres meses consecutivos, cerca de una especie de piso cercano al 7 % anual. En Colombia puede estar sucediendo lo mismo que en otros países donde, después de caer por varios meses, la inflación se ha estabilizado tercamente en alguna cifra superior a la meta fijada por las autoridades. En particular, este es el caso de Brasil, donde el crecimiento de los precios se ha estancado en cifras alrededor del 4 % anual, en medio de un complejo cuadro macroeconómico.
Al observar el conjunto de las variables macroeconómicas, en especial la situación fiscal, la Junta del Banco de la República se enfrenta a una difícil disyuntiva. Por un lado, recibe la presión del Gobierno y de algunos gremios para que continúe con su política de reducir sus tasas de interés. Pero, por otra parte, es claro que si el Emisor desfallece prematuramente en su esfuerzo por restringir la demanda, especialmente en momentos en que la inflación se mantiene obstinadamente por encima de sus metas, corre el peligro de fracasar en su empeño de llevarla a cerca del 3 % anual en los plazos previstos. Al igual que lo ocurrido en otros países, es posible que, si la inflación no cede significativamente en los próximos meses, la Junta del Emisor también tenga, por lo menos, que considerar entre sus alternativas la posibilidad de reducir transitoriamente el ritmo de las rebajas de sus tasas de interés.
