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Como se ha anotado tantas veces, Petro y Trump son bastante parecidos. Ambos son populistas consumados y, cuando limitan sus caprichos e iniciativas, atacan a los contrapesos institucionales y la separación de poderes.
La reciente cruzada de nuestro presidente se ha dirigido a desconocer a las autoridades electorales y la pulcritud de la Registraduría. Anticipándose a una derrota de su candidato, desde hace meses viene sugiriendo que se está cocinando un fraude en las elecciones presidenciales. El 31 de mayo, después de conocer los resultados adversos a Cepeda, habló de la inclusión de más de cientos de miles de votos al censo electoral y de conteos atípicos en un número de mesas de votación. El mismo Cepeda repitió estas acusaciones en su discurso en el que no fue capaz de reconocer los resultados de los comicios. Las acusaciones de Petro, tal como lo aclararon el registrador y los expertos en la materia, no tienen ningún fundamento.
Es imposible no recordar que eso mismo hizo Trump después de su derrota ante Biden. No solo habló de fraude, sino que elevó quejas y demandas para tratar de alterar los resultados. Y no paró ahí. Patrocinó una violenta asonada, que causó muertos, heridos y destrozos, para impedir la proclamación del ganador. A pesar de que es falso, todavía mantiene el discurso de que el triunfo de Biden fue ilegítimo e indultó a los condenados por los delitos cometidos en el Capitolio.
El que sí les ha metido la mano a estas elecciones ha sido el propio Petro. Ante la opacidad de Cepeda, el presidente le ha hecho la campaña por todo el país. En una forma de compra de votos, dirigió el gasto público para favorecer a su candidato. Además de celebrar miles de contratos de prestación de servicios con este propósito, La Silla Vacía denunció la creación de multimillonarios “contrataderos” para influir en la decisión de los colombianos. Y concluyó que el “gobierno ha hecho uso sin precedentes del poder estatal para participar en política a favor de Cepeda” (sin estas maniobras no se podría explicar la nutrida votación de un candidato que insiste en continuar, entre otras cosas, con la destrucción del sistema de salud, la Paz Total y el consecuente desborde de la violencia y la inseguridad).
Con estos antecedentes, los organismos de control, los jueces y el país en general deben estar atentos y vigilantes a las maniobras que pueda emprender el presidente Petro, ahora involucrado abierta e ilegalmente como cabeza de la campaña de Cepeda, para torcer la voluntad de los colombianos en la elección del 21 de junio.
Ante todo, es indispensable mantener el respaldo a la Registraduría, una institución que ha cumplido en forma ejemplar sus obligaciones con la democracia colombiana. Los observadores del país y del exterior deben redoblar sus esfuerzos de vigilancia para evitar las perturbaciones y abusos que cause el gobierno en el proceso electoral.
La pregunta que muchas personas se hacen es si Petro y Cepeda, en caso de que el resultado de la segunda vuelta no les sea favorable, reconocerán el veredicto de las urnas. Las reiteradas palabras del presidente, la simultanea aparición de encapuchados y papas bomba en varias universidades y algunos disturbios en las calles no son buenos augurios. ¿Seguirán sus turbas el ejemplo de los seguidores de Trump en el Capitolio de Washington el 6 de enero de 2021?
