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Odiseo, personaje de hoy

Armando Montenegro

26 de julio de 2026 - 12:05 a. m.
“Es difícil no encontrar semejanzas entre el comportamiento de Odiseo y el de ciertos políticos de la actualidad”: Armando Montenegro
Foto: EFE - Melinda Sue Gordon / Universal Pictures
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Odiseo es un tipo complejo. A diferencia de héroes como Aquiles, sus proezas y victorias no son, por lo general, el resultado de su fuerza, valentía y destreza en los combates, la rectitud y la sinceridad de sus actos o la verticalidad de su liderazgo. Las alcanza principalmente, gracias a su astucia, sus ardides y, con frecuencia, sus mentiras. El famoso caballo de Troya, la borrachera y la muerte del cíclope, sus cuentos y su disfraz de mendigo cuando regresa a Ítaca son ejemplos conocidos de su calculada manera de actuar. En varios casos, además, sus propósitos y motivaciones son egoístas, olvidan o desprecian su impacto en la vida y el bienestar de sus tripulaciones.

Es más, es el mismo Odiseo quien les cuenta a Alcínoo, rey de los feacios, y a su corte sus aventuras más conocidas, la muerte del cíclope, la historia de las sirenas, el viaje al reino de la muerte y el escape de los peligros de Escila y Caribdis. Trata de impresionarlos con la magnitud de sus padecimientos y la dificultad de sus luchas para así ablandarlos y lograr que le faciliten, por fin, una nave para regresar a Ítaca cargado de regalos. No pocos analistas señalan que los cuentos de este conocido embustero, en los que con frecuencia hace gala de sus engaños, podrían estar exagerados por la imaginación y los propósitos de su autor.

Otro de los interrogantes sobre la vida de Odiseo es si, en realidad, a su regreso a su isla, encontró la felicidad al lado de su esposa y su hijo. Es indudable que lo mejor de su vida ocurrió a lo largo de los diez años de fantásticas aventuras que transcurrieron desde el fin de la guerra de Troya hasta su regreso a Ítaca. En ese periodo de incesantes correrías visitó numerosos reinos, tuvo prolongados amoríos con diosas como Circe y Calipso, trató con seres extraordinarios, enfrentó grandes peligros y obtuvo enormes satisfacciones. El mensaje de tantos pensadores es que es mejor –más apasionante– buscar que encontrar, viajar que retornar. Por ello, Kavafis insiste en que “cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo… “. Otros poetas (Quessep, entre ellos) describen a Odiseo triste, envejecido y desencantado en su isla, añorando las travesías y hazañas de su pasado heroico.

Cuando se releen las aventuras de Odiseo pocos días después de las elecciones presidenciales, es difícil no encontrar semejanzas entre el comportamiento de este héroe y el de ciertos políticos de la actualidad. Así como este personaje fingió estar loco (hasta que descubrieron su embuste) para no participar en la guerra de Troya, Clinton y Trump se las ingeniaron para no ir a Vietnam. Así como en sus relatos Odiseo agiganta la magnitud de sus hazañas y padecimientos, nuestros políticos se victimizan, ocultan sus errores, embellecen sus hojas de vida y se atribuyen la autoría de las realizaciones de sus rivales (en su biografía, por ejemplo, Petro se presenta como un gran comandante del M-19). Así como en sus narraciones Odiseo siempre acusa a sus hombres de las imprudencias y los desacatos que enfurecen y provocan a los dioses, en Colombia, cuando se descubren, los políticos proclaman que los delitos que los benefician se cometen “a sus espaldas”.

La Odisea es un libro moderno, pues su historia nos habla de los defectos, falencias y engaños de muchos de quienes han posado de héroes en todas las épocas.

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