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Otra pandemia

Armando Montenegro

26 de septiembre de 2021 - 12:30 a. m.

En 2021 surgió una pandemia de inflación en casi todo el mundo.

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Esta fue una de las consecuencias de los cuellos de botella, la dislocación de las cadenas de suministro y la escasez de materias que se presentaron a medida que se producía la recuperación de las distintas economías, después de la profunda contracción que sufrieron en 2020. Las tasas de inflación han superado las metas de las autoridades en muchos países. En Estados Unidos llega al 5,3 % anual; en Canadá, 4,4 %; India, 5,3 %; Rusia, 6,7 %; Turquía, 19,7 %; República Checa, 4,1 %. En América Latina, el contagio es extendido: la inflación ya supera o se acerca al 5 % anual en todos los países, un fenómeno más pronunciado en Brasil, 9,7 %, y Argentina, 51,4 %; en este último caso, un viejo problema principalmente de origen doméstico. La OCDE insiste, además, en que las presiones sobre los precios se mantendrán en los dos próximos años.

Ante este desafío, numerosos bancos centrales, los mismos que en 2020 bajaron las tasas de interés e inyectaron a chorros liquidez a sus economías, a pesar de cierta persistencia del desempleo y otros problemas, ya tomaron medidas contraccionistas y se aprestan a seguir haciéndolo en los meses venideros. Hasta ahora, han elevado las tasas de interés las autoridades monetarias de Brasil, Chile, México, Perú, Hungría, República Checa, Rusia, Corea y Sri Lanka, entre otros. Y los mercados y analistas saben que en las próximas semanas se iniciarán procesos semejantes en docenas de países, entre los que se cuentan Estados Unidos y varios europeos. Se predice que la lucha antiinflacionaria seguirá siendo un aspecto central de la política económica en 2022.

Entre los incrementos de precios se observa un auge en la cotización de las materias primas. La recuperación de la demanda, los cuellos de botella, algunos problemas climáticos y las particularidades de algunos mercados se han sumado para crear serias restricciones de oferta que han impulsado el alza de los precios de metales, productos agrícolas y, en particular, del petróleo. El índice de precios de commodities que calcula The Economist muestra un incremento anual de cerca del 18 % para el conjunto de estos bienes y, en particular, del 27 % para los de origen agropecuario.

Colombia, como era de esperar, no ha escapado a este brote. La inflación anual llegó al 4,4 % en agosto y los analistas piensan que pronto se aproximará al 5 %, una cifra bastante superior a la meta del 3 %. Como en otras latitudes, esta situación también se ha originado en problemas de abastecimiento y logística, en medio de una vigorosa recuperación económica (se prevé que el PIB crecerá cerca del 8 % este año, muy por encima de los cálculos iniciales). Como en otras oportunidades, en alguna medida también se está registrando el fenómeno de inflación importada a través de los precios de algunas materias primas y otros bienes valorados con una tasa de cambio debilitada.

El Banco de la República probablemente seguirá el camino de las autoridades de otros países y tomará medidas para contener el aumento de precios. Para hacerlo, deberá decidir cuál será la trayectoria ascendente que tendrá su tasa de intervención, que hoy es del 1,75 %, y considerará el impacto positivo de esta medida sobre los desequilibrios macroeconómicos, en particular el abultado déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos.

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