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26 Jun 2022 - 5:30 a. m.

Relaciones con el mundo

Uno de los temas más importantes para el futuro del país y uno de los menos discutidos en la campaña electoral es el de las relaciones de Colombia con el resto del mundo.

El gobierno entrante deberá definir si se propone mantener la relación especial de Colombia con Estados Unidos, que ha convertido a nuestro país en su principal aliado en la región, construida durante décadas y por la cual recibimos una asistencia financiera importante, cooperación en áreas críticas y participación en foros internacionales. En esta materia, el presidente electo tendrá que sopesar las ventajas de esta relación, con la tendencia de varios gobiernos afines de América Latina al multilateralismo y, como lo comentó recientemente The Economist, a revivir la postura de no-alineados, semejante a la que adoptó la región en la llamada Guerra Fría, un tema de gran vigencia por la creciente rivalidad entre China y Estados Unidos.

Otro asunto importante con Estados Unidos es el de la colaboración en la interminable guerra contra las drogas, un tema espinoso que ha copado las relaciones con el país del norte a lo largo de muchos años. Es posible también que se ventile la aspiración del programa del presidente electo de renegociar el TLC con el objeto de proteger la agricultura colombiana, una cuestión que, si llega a concretarse, seguramente exigirá concesiones en ambos lados de la mesa.

Un cambio importante, que se puso en marcha tras el diálogo del presidente Maduro con Gustavo Petro, es el de la reanudación de las relaciones con Venezuela. Existe ya en Colombia un creciente consenso, evidente en las propuestas de la mayoría de los candidatos de las elecciones pasadas, de que es insostenible y probablemente dañina para el país la terca política de desconocer al gobierno bolivariano, así como la de mantener vínculos con el régimen fantasmal de Juan Guaidó. La solución a graves problemas como la seguridad y la violencia en las zonas limítrofes, las enormes posibilidades del intercambio económico, hoy prácticamente inexistente, y la atención de los venezolanos y colombianos en ambos lados de la frontera exigen una estrategia diplomática inteligente, firme y pragmática dentro de un proceso de normalización gradual de las relaciones diplomáticas y comerciales con nuestro vecino.

De la misma manera, tal como lo acaba de sugerir el excanciller Julio Londoño Paredes en su reciente columna de Semana, existen razones de peso para buscar la normalización de las relaciones con Cuba y Nicaragua. Un manejo cuidadoso de numerosos asuntos de interés mutuo permitirá atender varios temas de la agenda del país, entre ellos el diálogo con el Eln, anunciado por el nuevo presidente, y explorar la posibilidad de una negociación de complejos asuntos fronterizos con el gobierno de Ortega.

Sería deseable, dentro del espíritu de la búsqueda del acuerdo nacional que anunció el presidente electo el pasado domingo, que su gobierno tratara de crear las condiciones para desarrollar una política internacional consensuada, compartida por las diversas fuerzas políticas y los distintos grupos sociales, que, como en otros períodos de la vida colombiana, sea el resultado del diálogo permanente y la búsqueda de objetivos comunes de largo plazo, y no que responda a las transitorias influencias de la ideología de los gobiernos de turno.

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