Muchas cosas, sucesos y personas se olvidan, dicen algunos expertos, porque ocurren eventos extraordinarios o aparecen figuras novedosas, impactantes, que las desplazan y sacan de la memoria, las retiran del inventario de los recuerdos. Al llegar al final de este 2022, un pequeño examen nos indica que ya olvidamos muchas cosas, personajes y eventos que estuvieron vigentes hasta hace tan pocos meses.
¿Se acuerdan, por ejemplo, de Rodolfo Hernández? Un señor que, de pronto, salió de la nada, pasó a la segunda vuelta de la elección presidencial, sacó diez millones de votos y, tan rápido como había llegado, desapareció de la escena (hoy se oyen rumores de que aspira a la Gobernación de su departamento, ¡quién lo creyera!, con el apoyo del Pacto Histórico y del mismo Gustavo Petro). El pintoresco ingeniero pasó raudamente del anonimato al desprestigio y se sepultó para siempre en el olvido de la memoria nacional.
¿Se acuerdan del precio del dólar a $3.700 que tuvimos en junio pasado? Hoy, cuando todos los días nos preguntamos qué tan cerca está de los $5.000, nos damos cuenta de que hemos olvidado, tal vez para siempre, el dólar barato. Ante el ataque de nervios por el hecho de que la moneda estadounidense hubiera alcanzado niveles superiores a $5.100 en octubre, las cotizaciones de estos últimos días, del orden de $4.800 o $4.900, nos parecen moderadas, reconfortantes. Nada más engañoso. Olvidamos que esos valores son exageradamente altos, pues todos los días nos recuerdan nuestro radical empobrecimiento frente al resto del mundo.
¿Se acuerdan de que los precios de la leche, las papas y tantos alimentos eran un 25 % menores al comienzo de este 2022? La inflación desbocada de este año, la más alta en cerca de 20 años, no solo alteró la estructura de costos y agredió el bolsillo de muchos, sino que nos hizo olvidar los tiempos de los precios estables. Nos hizo caer en cuenta, como sucedía hace décadas, de que los precios de las etiquetas, las cotizaciones y los menús de los restaurantes se están ajustando con frecuencia, que la plata en efectivo o en los depósitos a la vista todos los días pierde valor.
¿Se acuerdan de que las tasas de interés de los créditos de consumo eran del orden del 12 % anual hasta finales de 2021? Las medidas del Banco de la República y el enorme crecimiento del crédito doméstico en este año desataron un infarto de liquidez que va a mantener las tasas de interés muy elevadas durante mucho tiempo. Este año la economía se olvidó del crédito barato.
Después del brillante mundial de fútbol, de los goles de Messi y Mbappé, ¿se acordarán los fanáticos locales del fútbol profesional colombiano? ¿Seguirán soportando los patéticos partidos de la liga local, sus equipos quebrados, los estadios vacíos y su deplorable espectáculo? En esto no hay olvido. Los hinchas verdaderos, como los Borbones, ni olvidan ni aprenden. Seguirán apoyando y sufriendo por sus equipos del alma.
Esta, mi última columna de 2022, es una prueba de que, como diría la canción, “me olvidé de que me olvidé”. Pero eso no es todo. Como están ocurriendo tantos eventos novedosos e impactantes —en el plano institucional, económico y político—, seguramente vamos a seguir olvidando muchas cosas y tradiciones del país que hacían parte de nuestra vida hasta hace solo unos pocos meses.
¿Tendremos un feliz año 2023?