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Ya vamos para un mes desde que Nicolás Maduro y su esposa fueron “extraídos” de Caracas y puestos a disposición de la justicia de Estados Unidos. Mientras tanto, Delcy Rodriguez y su hermano, asentados en el poder, cumplen las órdenes y mantienen una buena relación con sus patronos en Washington, al tiempo que el núcleo del brutal régimen chavista sigue firme en su puesto. Pero hoy, poco o nada se sabe de la transición y del futuro de la democracia de nuestro vecino.
La prioridad de Trump ha sido echarle mano al petróleo venezolano. El mandatario anunció que había tomado 50 millones de barriles confiscados en El Caribe y que serían refinados y vendidos en Estados Unidos. Y, en una publicitada reunión en la Casa Blanca, invitó a los líderes de la industria petrolera de su país a invertir y explotar el petróleo venezolano.
Mientras tanto, la presidenta encargada sigue gobernando con los puntales del chavismo, Diosdado Cabello y el general Padrino López. El único cambio reciente fue la remoción del colombiano Alex Saab de su cargo ministerial. Aunque se anunció la liberación de un puñado de presos políticos, se sabe que la gran mayoría continúa en la cárcel y que algunos están desaparecidos. El carácter represivo del régimen se mantiene intacto.
No solo los partidarios de María Corina Machado exigen un cambio radical en Venezuela. Los mismos magnates petroleros convocados por Trump insistieron en que, sin una profunda transformación institucional, que incluya reglas claras, regulaciones estables y un futuro predecible, no se van a dar las grandes inversiones necesarias para extraer el petróleo venezolano.
Tienen razón quienes afirman que es imposible un regreso inmediato a la democracia en Venezuela. Antes de que haya elecciones libres y transparentes es indispensable recuperar la independencia del poder electoral, de las altas cortes y de los jueces, hoy completamente subordinados al corrupto régimen chavista. En esta materia, tampoco se han realizado anuncios ni existen compromisos del gobierno de Delcy o de sus jefes con la Casa Blanca.
El desafío del gobierno Trump-chavista de Delcy Rodríguez es enorme. Si va a producir una verdadera transformación de las instituciones de Venezuela, antes debe desmontar el chavismo de su propio gobierno, lo que exigirá la negociación, destitución o extradición de personajes como Cabello y Padrino y de cientos de sus cómplices y asociados. Deberá además desarticular los mecanismos de represión y expulsar a las fuerzas de inteligencia y asesores militares cubanos y de otros países. Es imposible que un gobierno que sigue las órdenes de Washington siga conviviendo con cuerpos armados y de inteligencia de países enemigos de Estados Unidos.
La gran pregunta que surge de todo esto es si un gobierno chavista será capaz de suicidarse, de liquidarse a sí mismo bajo la presión y las amenazas de Estados Unidos. Al respecto, algunos observadores piensan que los chavistas, encabezados por Delcy Rodríguez y sus cómplices, seguirán a regañadientes algunas de las órdenes de Washington, sobre todo en el campo económico, especialmente el petrolero, pero demorarán o sabotearán los cambios políticos y militares, esperando, tal vez, que Trump sea derrotado en las elecciones parlamentarias de noviembre y pierda entonces su capacidad de realizar ataques militares en Venezuela.
