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2 Oct 2022 - 5:30 a. m.

Una economía agitada

La economía mundial sigue deteriorándose e impacta con fuerza a Colombia.

El ojo del huracán continúa en Europa. Los reveses militares llevaron a Putin a llamar a las reservas y amenazar con el uso de armas nucleares. La primera ministra de Reino Unido anunció una baja de impuestos que desencadenó una corrida contra la libra. En Italia ganó la extrema derecha, un resultado que pone en peligro la unidad de Occidente. Todo esto se suma al ya precario panorama de bajo crecimiento, alta inflación y elevadas tasas de interés en ese continente.

En Estados Unidos las cosas tampoco están bien. Ante una inflación que no cede, el banco central sigue aumentado sus tasas de interés; las bolsas de valores continúan decaídas y se rebajan las proyecciones del crecimiento y el empleo.

Con las alzas de las tasas de interés norteamericanas, se ha fortalecido el dólar. El euro, que hace un año valía cerca de US$1,20, hoy vale menos de US$1. Y la libra esterlina, impactada por la política de la FED y los errores tributarios del nuevo Gobierno británico, cayó en picada.

El coletazo se ha sentido con fuerza en América Latina. El peso chileno se depreció un 17 % en los últimos 12 meses; el argentino, también afectado por la incompetencia de su Gobierno, sufrió una pérdida del 33 %, y el peso colombiano se deterioró en un 14 % en ese mismo período.

Brasil se escapó del temporal. El valor del real se estabilizó gracias a la postura del banco central de elevar temprano y con firmeza las tasas de interés, una política exitosa puesto que la inflación está bajando y se han revisado al alza las proyecciones de crecimiento del PIB. A lo anterior se añade que la comunidad de negocios está relativamente tranquila con el previsible triunfo de Lula en las elecciones presidenciales.

La situación de Colombia, infortunadamente, es semejante a la de la mayoría de los países de la región. La inflación sigue muy alta y todavía en ascenso. El valor del dólar supera los $4.500, en medio de un notable nerviosismo. La bolsa está deprimida y sin esperanza, y las emisiones de bonos han desaparecido. Las tasas de interés siguen creciendo, guiadas por el Banco de la República y por el aún exagerado ritmo de crecimiento de la cartera, especialmente la de consumo. Aunque hasta ahora la expansión del PIB ha sido dinámica, el previsible frenazo, que ya comienza a sentirse, va a ser brusco: la economía prácticamente no crecerá en 2023 (se observarán cifras negativas de crecimiento en algunos trimestres).

En medio de esta situación y la incertidumbre creada por los equívocos anuncios de ciertos ministros y no pocos problemas de orden público, la gestión del ministro Ocampo, bien recibida por los mercados, junto con la del Banco de la República se han convertido en un motivo de confianza para la comunidad financiera en el nuevo Gobierno.

Este es el ambiente que rodeará los debates económicos de los próximos días. A partir de la semana entrante se discutirá una versión revisada de una reforma tributaria que entrará en su fase definitiva. Además, pronto se conocerán las proyecciones del gasto y el déficit para los próximos años. Y, según se anuncia, comenzarán a desvelarse los planes definitivos del Gobierno para reformar la salud y las pensiones, asuntos cruciales para la vida y el bienestar de millones de colombianos.

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