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Una hazaña en Londres

Armando Montenegro

03 de mayo de 2026 - 12:06 a. m.
“El récord obtenido en la maratón de Londres nos recuerda el ingenio y capacidad de los seres humanos para progresar”: Armando Montenegro.
Foto: EFE - NEIL HALL
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La noticia encabezó la primera página del Financial Times y fue objeto de entusiastas editoriales de periódicos como El País de Madrid. No se trató de algún incidente de la guerra de Irán, el caos del Líbano o alguna de las estupideces mentirosas de nuestros mandatarios. Fue algo especial. El domingo pasado, en Londres, por primera vez en la historia, dos atletas corrieron la maratón, con una distancia de 42,3 kilómetros, en menos de dos horas. El ganador, el keniano Sebastian Sawe, hizo el recorrido en 1:59:30, una extraordinaria proeza perseguida durante décadas por cientos de corredores, que nos dice mucho sobre la superación de los seres humanos para alcanzar metas que parecían imposibles.

La historia de esta prueba se remonta a la carrera de Filípides en el año 490 antes de Cristo, desde la llanura de Maratón hasta Atenas, por cerca de 40 kilómetros —un esfuerzo que le causó la muerte—, para reportar que los griegos habían derrotado a los persas. En su memoria, desde hace más de un siglo, se corren maratones en los juegos olímpicos, en innumerables campeonatos atléticos y en las calles de muchas ciudades donde compiten decenas de miles de personas, profesionales y aficionados, de todas las edades y condiciones.

El récord alcanzado en Londres se aprecia mejor al recordar que en la primera olimpiada moderna, celebrada en Atenas en 1896, el tiempo del ganador fue de dos horas y 58 minutos, un registro que hoy superan decenas de miles de personas en el planeta y cientos de corredores en Colombia. El récord de nuestro país lo tiene Jeisson Suárez, con 2:10:51, un tiempo con el cual habría ganado la medalla de oro en la olimpiada en Barcelona en 1992, pero que, en la actualidad, es inferior al que alcanzan más de mil atletas en todo el mundo.

Aunque hacer una maratón en menos de dos horas es el resultado del esfuerzo solitario del atleta y de su preparación durante varios meses (dieta, entrenamiento, sueño y descanso), en realidad, su hazaña hace parte de un ambicioso proyecto colectivo, un intenso y coordinado trabajo en equipo. Es el producto de la cooperación de especialistas en medicina, nutrición, tecnología, planeación y evaluación permanente de las actividades de los atletas.

La alimentación del ganador durante la competencia, por ejemplo, revela una avanzada optimización en materia nutritiva: se limitó a una sofisticada dosis de 115 gramos de carbohidratos de fructuosa-glucosa por cada hora de la carrera, con el objeto de proporcionarle en forma precisa poderosos nutrientes de fácil asimilación, necesarios para mantener su energía. Por su parte, el diseño de sus zapatos, cada uno pesa apenas 96 gramos, de la marca Adidas, producto de investigaciones, pruebas y experimentos con materiales, fue clave para alcanzar el récord (en esta materia, El País recordó que el ganador de la maratón de Roma en 1960, el famoso etíope Abebe Bikila, corría descalzo puesto que los zapatos de entonces le causaban ampollas).

En medio de los horrores de las guerras, la mezquindad y los errores de numerosos líderes políticos y la tragedia de los atentados y accidentes sin sentido, noticias emocionantes como el récord obtenido en la maratón de Londres nos alegran y recuerdan el ingenio, la superación y capacidad de los seres humanos para progresar, superar los obstáculos y alcanzar metas cada día más altas.

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