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El fenómeno político de México se llama Xóchitl Gálvez: una mujer de origen indígena, otomí, que hizo sus primeros estudios en Tepatepec, su pueblo, donde vendió gelatinas en el mercado público y trabajó desde muy joven. A punta de becas, estudió en Ciudad de México, donde se graduó de ingeniera de computación. Fundó una exitosa empresa, High Tech Services, que diseña edificios inteligentes. Hoy es senadora y acaba de lanzarse como precandidata a la presidencia de la república dentro del Frente Amplio por México, una coalición de oposición a Morena, el partido personal del presidente López Obrador (AMLO).
Xóchitl se disparó en las encuestas precisamente por la popularidad que adquirió al recibir violentos ataques del mandatario. Ante el primero de ellos, la senadora ganó mediante un amparo –nuestra tutela–, un derecho de réplica en el palacio de gobierno, la misma que el presidente rechazó al ordenar que le cerraran las puertas del edificio. Más adelante, AMLO ha insistido en que su trayectoria de ascenso es una farsa, la ha descalificado por ser empresaria y ha afirmado que ella representa a la oligarquía. Y hace unos días, la atacó divulgando información tributaria de carácter confidencial.
Las arremetidas de AMLO contra Xóchitl han profundizado entre las mexicanas su fama de misógino y han motivado denuncias de parcialidad política que le han merecido amonestaciones de la autoridad electoral.
La aparición de Xóchitl en el escenario político ha producido un verdadero revolcón. Hasta hace unas semanas, se daba por descontado que Morena ganaría fácilmente las elecciones del año entrante, tanto por su fuerza política como por la división de los débiles partidos de oposición. Las encuestas ya muestran que con Xóchitl la competencia puede ser reñida.
Morena dará a conocer su candidato el próximo 6 de septiembre. Aunque la selección se hará a través de una encuesta, por su opaco diseño, se anticipa que la decisión final será del mismo AMLO, un “dedazo” a la manera del viejo PRI. Los precandidatos más opcionados son: la exjefa del gobierno de la capital, Claudia Sheinbaum; el excanciller y exjefe de gobierno de Ciudad de México, Marcelo Ebrard; y Ricardo Monreal, senador, jefe de la bancada de Morena.
Aunque todos los precandidatos de AMLO tienen suficientes merecimientos personales y académicos, los observadores no dejan de señalar los contrastes de su trayectoria con la de Xóchitl. Ella indígena, de origen humilde, hecha a pulso; los de Morena, blancos, de clase media alta, educación esmerada en el exterior (Sheinbaum tiene un doctorado en energía y ha realizado interesantes publicaciones en revistas científicas) y, sobre todo, con el apoyo del enorme aparato del Estado que controla AMLO.
A pesar de su despegue vertiginoso, Xóchitl apenas comienza su carrera a la presidencia. Antes de enfrentar al candidato de AMLO, primero tendrá que ganar, en otra encuesta, la competencia dentro del Frente Amplio por México, donde se destacan varios precandidatos de los partidos de oposición (PAN, PRI, PRD, entre otros). Allí sus rivales son curtidos personajes como Santiago Creel, Enrique de la Madrid, Francisco Javier García e Ignacio Loyola.
Lo que suceda en México en los próximos meses, especialmente en el contrapunto entre Xóchitl y AMLO, como siempre, tendrá repercusiones en toda América Latina.
