1989, el año del miedo

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Arturo Charria
03 de enero de 2019 - 05:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Con frecuencia escucho: “Estamos repitiendo el pasado”. Es una afirmación ligera que muestra un profundo desconocimiento de nuestra historia reciente y, además, nos impide comprender nuevas dinámicas de una violencia que se transforma. Basta con recordar lo que ocurría en Colombia hace 30 años para ser conscientes de lo vacíos que resultan este tipo de comentarios. En 1989 el país vivía en permanente zozobra por la violencia desatada por el Cartel de Medellín y el paramilitarismo, así como la frustración que producía la esquiva paz con las guerrillas.

En su libro Días de memoria (1985-1991), Jorge Cardona, editor de El Espectador, muestra la angustia que se vivía en Colombia durante 1989, pues las noticias resultaban intimidantes y cada una parecía contener más horror que la anterior. Sin embargo, esta violencia adquirió mayor visibilidad por concentrarse en Bogotá y Medellín; una violencia que se movió de la manigua y la polvoreda de la tierra caliente, y se adentró en el asfalto y los bloques de edificios de las grandes ciudades. La fuerza de esta violencia no estaba en los kilos de dinamita con que preparaban los atentados, sino en el sentimiento de inseguridad que se revelaba en la mirada de los transeúntes y en las transformaciones de un paisaje urbano en el que cada día surgía un nuevo muro, una nueva reja y las calles se convertían en laberínticos caminos cerrados.

El año comenzó con la masacre de La Rochela el 18 de enero. Doce personas que hacían parte de una comisión judicial que investigaba crímenes cometidos por paramilitares en el Magdalena Medio fueron masacradas. Estos asesinatos demostraban el poder y la crueldad de grupos armados que muchos sectores se negaban a llamar por su nombre, pues se referían a ellos como “fuerzas oscuras”. Sin embargo, los paramilitares, que ya habían asesinado a miles de militantes y dirigentes de la Unión Patriótica (UP), siguieron disparando durante 1989. El 3 de marzo, en el aeropuerto El Dorado, un sicario mató a José Antequera Antequera, secretario general de las Juventudes Comunistas y dirigente de la UP. Cinco días antes, en el sur de Bogotá, sicarios habían masacrado al dirigente del Partido Comunista y fundador de la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia, Teófilo Forero, quien iba junto a otros tres militantes comunistas que también murieron. Ese año 120 miembros de la UP fueron asesinados.

El 18 de agosto, mientras saludaba a sus simpatizantes desde una tarima en Soacha, Cundinamarca, una ráfaga de disparos acabó con la vida de Luis Carlos Galán. Era el segundo candidato presidencial asesinado para las elecciones de 1990. Dos años atrás sicarios del narcoparamilitarismo asesinaron a Jaime Pardo Leal y, entre marzo y abril de 1990, serían asesinados Bernardo Jaramillo Ossa, en la sala de espera del aeropuerto El Dorado, y Carlos Pizarro, cuando su avión despegaba de Bogotá. Un quinto candidato habría sido asesinado de haber tomado el vuelo 203 de Avianca, en el que el Cartel de Medellín puso una bomba para acabar con la vida de César Gaviria. El 27 de noviembre esa bomba mató a 110 personas.

Ese año terminó con la bomba del DAS y no hubo campeón en el fútbol colombiano, porque el asesinato de un árbitro produjo la cancelación del torneo por primera vez desde 1948. Cuesta imaginar un año tan duro como el que vivimos en 1989. El filósofo alemán Walter Benjamin planteó que la única manera de avanzar en la historia es teniendo conciencia del pasado y propone la imagen de un ángel que vuela hacia delante con las alas y la mirada hacia atrás. Debemos mantener esa relación con nuestras tragedias colectivas, tener presente el pasado, para ver diferente el futuro.

Sin embargo, esa mirada al pasado no implica asumir el presente como una derrota, porque nos confunde y nos quita agencia como sociedad para tomar decisiones colectivas. Este año es de elecciones y muchos querrán jugar con los miedos del pasado para imponer modelos políticos y económicos que se alimentan de dichos temores.

@arturocharria

Conoce más

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.