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¡Cúcuta, es hora de volver al colegio!

Arturo Charria

17 de febrero de 2021 - 10:00 p. m.

El domingo 15 de marzo de 2020, en el patio central del Instituto Técnico Mercedes Ábrego, durante un diálogo abierto entre rectores, sindicato de maestros y autoridades educativas de Cúcuta, se decidió modificar el calendario escolar. La medida se tomó por la incertidumbre y la poca información que en ese momento se tenía sobre la pandemia. A las pocas horas de ese mismo día, el presidente de la República anunció que todos los colegios del país adelantarían sus vacaciones y que retomarían sus clases después del 20 de abril. Ha pasado casi un año desde esa tarde de domingo y, desde entonces, los colegios del municipio han permanecido cerrados.

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Para nadie es deseable esta situación, pues, en distinta medida, docentes, acudientes y estudiantes sufren con este modelo de educación al que de manera equivocada insisten en llamar virtual. Por eso, revertir esta situación y buscar alternativas para avanzar en un regreso a las aulas debe ser un propósito común y no una disputa en la que los únicos que pierden son los estudiantes.

A diferencia del 15 de marzo, cuando cerrar los colegios era una necesidad por la falta de información, hoy resulta urgente y necesario abrirlos. Para eso se pueden tomar como referencia entes territoriales que este año iniciaron clases presenciales bajo el modelo de alternancia, tal como lo han venido haciendo Palmira y, especialmente, Antioquia, departamento que a la fecha cuenta con 1.288 sedes educativas abiertas y 56.244 estudiantes bajo el modelo de alternancia.

Las condiciones de los colegios de Antioquia no son distintas a las de la mayoría de la infraestructura educativa que hay en el resto del país. Entonces, ¿por qué han logrado un avance tan significativo en relación con la apertura de instituciones educativas? La respuesta no se encuentra en los protocolos implementados o en la curva epidemiológica, cuyo comportamiento se encuentra en el promedio nacional. El éxito de este proceso está en el diálogo, en la convicción y en la certeza de que hay que tomar decisiones poniendo en el centro a los niños, niñas y adolescentes.

En Cúcuta, al igual que otras ciudades, hay que hacer de la apertura de colegios una necesidad colectiva, pues la confianza no se recupera enumerando una lista de imposibles, sino abriendo el diálogo. Incluso puede ser una oportunidad para que instituciones históricas recuperen un liderazgo que en otros tiempos les permitió estar en la vanguardia educativa del municipio. Tal es el caso del INEM, colegio que posee las mejores instalaciones físicas del municipio, su baja matrícula en este caso le da una ventaja, cuenta con un liderazgo renovado por el cambio en la rectoría y desde hace años tiene una comunidad que requiere de un impulso para volver a creer en sí misma.

El proceso podría seguir con instituciones que actualmente se encuentran en concesión como el Monseñor Jaime Prieto Amaya, en La Libertad, o el Bicentenario, en Antonia Santos, colegios que atienden a poblaciones de sus entornos y no requieren mayores desplazamientos. Cada apertura requiere protocolos y acompañamiento, pero sobre todo voluntad de las partes y diálogo sin inamovibles.

Es necesario que ese diálogo por el regreso a las aulas se dé pronto y que este tenga el sentido de urgencia propio de la situación. De no avanzar de manera firme en este propósito, la situación de Cúcuta en pocos años será más crítica aún, pues hablamos del futuro de una generación a la que le estamos ocultando el sol.

@arturocharria

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