En Colombia se han vuelto paisaje los asesinatos por parte de la policía y el Esmad durante las manifestaciones. En noviembre de 2019 Dilan Cruz fue el símbolo de la brutalidad policial; en septiembre de 2020 fue Javier Ordóñez; y, en estos días, el nombre de Lucas Villa se nos ha metido en todo el cuerpo. Los dos primeros casos fueron ejecutados por el Gobierno, a Lucas lo sentenció el alcalde de Pereira cuando convocó a la ciudadanía y a la seguridad privada para hacer un frente común y recuperar el orden.
Todos estos homicidios se desprenden de un mismo hilo que durante décadas a dado un trato criminal y antisubversivo a la protesta. Sin embargo, el regreso del uribismo al poder, en comodato de Iván Duque, ha implicado un aumento de estas dinámicas y una legitimación de la represión.
Señalan y disparan pensando que el poder con que hoy asesinan durará para siempre, pero tendrán que pagar por sus crímenes y, aunque han cooptado la justicia para usar sus armas a discreción, jamás serán indultados ante los tribunales de la historia. Deben saberlo: hoy gobiernan, pero el futuro no les pertenece, pues, como escribió el poeta Juan Manuel Roca: bajo el sol sus coronas son de hielo.
Presento acá los acusados. Estos son sus nombres y estas son sus responsabilidades.
Álvaro Uribe: ordenó el uso de armas del ejército y la policía contra los manifestantes. Señaló a los miembros del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) de ser parte del Eln. En su discurso está la autoría intelectual de los más de cincuenta homicidios perpetrados entre el 28 de abril y el 13 de mayo.
Iván Duque: es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Es responsable de lo que ellas hagan y ejecuten. Durante las dos semanas que lleva esta barbarie no ha condenado con la contundencia debida los crímenes perpetrados por la policía, el ejército y los escuadrones de la muerte. No ha ordenado que cesen los disparos contra los manifestantes pues teme que al subir el tono las armas apunten contra él mismo.
Diego Molano: no tiene control sobre las fuerzas que dice gobernar. Su papel, al igual que el de la mayoría de Ministros de Defensa civiles, es el de ser vocero de las Fuerzas Armadas. Sus intervenciones solo reproducen un discurso que nace al interior de los cuarteles. A pesar de ser un despachador de soldados y policías entre terminales aéreos, es cómplice.
Jorge Iván Ospina: perdió el control de la ciudad. Gobernar no solo es tomar decisiones, sino asumir las consecuencias de sus políticas. Durante su mandato en Cali la pobreza se ha profundizado. Cuando la violencia escaló, se hizo a un lado y dejó que el gobierno nacional tomara control sobre la ciudad y sus habitantes.
El espacio no alcanza para presentar la totalidad de los responsables, sin embargo, menciono algunos: las senadoras Paloma Valencia y María Fernanda Cabal; el fiscal general, Francisco Barbosa; el defensor del Pueblo, Carlos Camargo; el alcalde de Pereira, Carlos Maya; la gobernadora de Valle del Cauca, Clara Luz Roldán; el general Eduardo Zapateiro y el mayor general Jorge Luis Vargas.
Repetiremos sus nombres cada vez que sea necesario. Los diremos en voz alta y en el sonido descifraremos sus responsabilidades. Llegará el día en que después de esas letras se escuchará la palabra: culpables.