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Al final de la moción de censura la ministra Karen Abudinen se mostró extasiada y no se preocupó por disimular la risita burlona con que cerró su intervención ante la Cámara de Representantes. Su euforia no era producto de su gestión o su elocuencia, sino de las flojas intervenciones de la oposición y el respaldo político que la mayoría de congresistas afines al gobierno le manifestaron.
Salvo las intervenciones de Mauricio Toro y Juanita Goebertus, quienes trataron de identificar el entramado criminal y las consecuencias de lo que implicaba la pérdida de oportunidad del contrato con Centros Poblados, la mayoría de congresistas de la oposición se limitó a señalar obviedades sin fundamento. Fueron pronunciamientos vacíos que, en lugar de poner en evidencia a la ministra, demostraron que no prepararon el debate. Olvidan estos agitadores virtuales que el Congreso no se comporta igual que las redes sociales en donde sí son efectistas y “populares”.
Por supuesto, no faltó el congresista que invocó a los niños a quienes dedicó el debate e incluso dijo que era una lástima que no pudieran estar viéndolo porque no tenían internet.
Quizá la intervención más memorable estuvo a cargo de Gabriel Santos, representante del Centro Democrático, quién explicó por qué la ministra debía asumir su responsabilidad, en lugar de justificarse. Para ello usó como ejemplo al presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, quien tenía sobre su escritorio una placa que decía “The bucks stop here”, refiriéndose a una expresión estadounidense que en Colombia se podría traducir como: Acá se deja de escurrir el bulto.
Los congresistas cercanos al gobierno se dedicaron a elogiar la gallardía de la ministra, quien “descubrió” la red criminal que se robó los recursos públicos. Así lo expresó el representante por Norte de Santander, Ciro Rodríguez: “Usted debe quedarse, porque no solo ha cumplido con sus funciones, sino que ha enfrentado este problema con entereza y valentía”. Y no faltó la vehemente defensa de César Augusto Lorduy, alfil de la casa Char, a quien solo le faltó hacer una proposición para instalar una placa en cada institución educativa del país exaltando la gestión humana y técnica de la ministra.
Esa función, que duró más de 8 horas, fue la que produjo la desafiante risa de la ministra, a tal punto que tuvo la confianza de decir que se sentía “orgullosa de poderle mirar la cara a los colombianos, con tranquilidad y con pasión”. Habría que decirle a la ministra que la próxima vez que vaya a burlarse del país, por lo menos use tapabocas, para que su risa no produzca tanta indignación como sus actos.
Sin embargo, la compostura y alegría que no perdió en el debate sucumbieron el pasado lunes cuando le exigió a la RAE que no permitiera que su apellido fuera degradado y usado como sinónimo de “robo o estafa”. Ahí sí se mostró indignada la ministra, quien escribió que eso que estaban haciendo contra ella era un crimen. Bien lo dijo Félix de Bedout en un trino: “La RAE está haciendo más por el control político en Colombia que el Congreso”.
Puntilla. La desaparición del soldado Javier Steven Sánchez Beltrán al interior del Batallón Militar de Logística, en Bogotá, y la posterior aparición de su cuerpo en el río Fucha es grave. El joven soldado tenía 19 años y estuvo desaparecido tres semanas sin que el ejército diera información de su paradero.
@arturocharria
