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Una de las obras que compone la exposición Juntos Aparte muestra un estandarte en el que están delineados los mapas de Venezuela y Colombia como un solo territorio, no está la línea fronteriza de 2.200 kilómetros que inicia en La Guajira y termina en Guania. Sobre el lienzo Adrián Preciado bordó los países como si fueran uno solo y, en la parte superior del estandarte, tejió dos golondrinas en vuelo que se miran a la distancia. En la descripción de la obra Preciado escribió: “Si las golondrinas entendieran las fronteras, no volarían libremente, aunque pudieran hacerlo”.
La exposición, que actualmente se exhibe en el Museo Nacional de Colombia, fue inaugurada en Cúcuta en 2019 en el marco de la Bienal Sur, y tiene como eje central la frontera: sus formas de habitarla y transitarla. En muchas obras la palabra predominante es pendular: personas que van y vienen. Pero también hay otros que pasan con la intención de quedarse y diariamente realizan un imaginario vuelo de regreso, pues sus pensamientos siempre están del otro lado: en un rostro, una calle o un sabor que jamás se recupera.
Cada obra es una afirmación sobre la casa común que es la frontera y nos recuerda que no somos sin ellos, al tiempo que evidencia cómo todo intento de cierre es absurdo y artificial. Basta con ver un mapa para darnos cuenta que somos más parte de la región del Zulia que de la zona Andina, y que las palabras, los paseos, la gastronomía y la economía fueron forjadas entre idas y venidas.
Sobre un lienzo con fondo azul eléctrico Samir Quintero pinta una pimpina, dentro de ésta el artista dibuja el templo histórico de la casa natal de Francisco de Paula Santander, en Villa del Rosario, uno de los principales símbolos de Norte de Santander. La obra lleva por título Made in Cúcuta y habla sobre el contrabando de gasolina, un importante renglón de la economía que durante décadas fue el sustento de miles de familias en Cúcuta. El artista pone de manifiesto cómo el comercio informal también hace parte de nuestro patrimonio, pues, así como en ese templo nació la República a través de la Constitución de 1821, el contrabando también es parte constitutiva de nuestra historia.
Pero, desde 2015, han intentado cerrar esa casa común con todo tipo de artificios, decretos y pronunciamientos de alto gobierno. Esto ha hecho que las trochas y pasos irregulares (que siempre han existido) se multipliquen: por donde antes pasaba la gasolina y toda suerte de productos ahora también cruzan personas que deben pagar impuestos a quienes controlan dichos caminos. Así lo retrata Angie Jácome en su colección de fotografías en las que multitudes de hombres, mujeres y niños se pierden entre matorrales, o buscan sortear las aguas del río Táchira. Las imágenes muestran a personas que se ven diminutas por el paisaje y por la dimensión de los objetos que cargan en sus espaldas. Unos vienen y otros van, pero siempre transitan por una frontera que arriba, en el puente, está cerrada.
En su obra, Adrián Preciado, nos recuerda “el legado de décadas de migraciones colombianas a Venezuela y los importantes movimientos en dirección contraria”. Quizá por eso estar frente a cada obra es como detenerse frente a un espejo, en el que, si nos acercamos lo suficiente, vemos el aleteo incesante de las golondrinas que dibujan en el aire lo que somos.
