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La vida sin colegio

Arturo Charria

02 de junio de 2021 - 10:00 p. m.

Estamos llegando a un punto peligroso del que nos costará mucho regresar: la idea de que la vida puede seguir sin ir al colegio. Así, como quien decide dejar un “mal hábito”, los adultos les han demostrado a las niñas, niños y adolescentes que salir a estudiar es prescindible y puede postergarse durante semanas, meses o años. Y es que hoy en día ir al colegio se ha vuelto un asunto excepcional.

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De todas partes salen argumentos de adultos que insisten en mantener cerrados los colegios: que se cayó la pintura, que estamos en paro, que la ventana es muy pequeña, que el tapabocas no es lo suficientemente robusto, que el virus subió, que bajó (pero hay subregistro), que no han vacunado a los docentes, que faltan los estudiantes mayores de diez años por vacunar. Podría anticipar, con pesimismo, que pronto escucharemos: es mejor volver cuando haya inmunidad de rebaño.

Sin embargo, son excusas, porque el argumento de fondo es que los adultos cierran los colegios porque pueden hacerlo.

Según datos del Observatorio de la Fundación Empresarios por la Educación, antes del inicio del Paro Nacional solo 1.4 millones de estudiantes había vuelto al menos un día al colegio, mientras 8.3 millones no había regresado a clases presenciales desde marzo de 2020. Hoy no se tienen cifras sobre el estado en que se encuentra el retorno a clases (pero deben estar mucho peor por la situación nacional), a lo que se suman las cinco semanas que llevan 8 millones de estudiantes del sector oficial sin recibir ninguna orientación como consecuencia del paro del que también hace parte Fecode.

El hecho de que sólo el 14% de estudiantes esté asistiendo con cierta regularidad a sus clases nos recuerda cifras que teníamos a comienzos del siglo XX. Según Jorge Orlando Melo, para 1912 apenas el 17% de los adultos sabía leer y escribir, esto como consecuencia del limitado acceso que entonces había al sistema educativo.

Muchos podrán afirmar que las clases no se han suspendido (antes del 28 de abril) y que los estudiantes siguen aprendiendo. Pero lo cierto es que incluso en países con mejores indicadores de conectividad la apertura de colegios fue prioritaria, pues la virtualidad estaba teniendo profundas consecuencias en los estudiantes. Lo hicieron sin que estuvieran vacunados los docentes y sin grandes inversiones en infraestructura educativa. Vale la pena decir que en Europa y Estados Unidos los colegios son herméticos para sobrevivir a las clases en invierno y la ventilación no es mayor de la que tienen colegios en Soledad, Bogotá o Cúcuta.

La tragedia de la educación en Colombia por el cierre en colegios no sólo está teniendo consecuencias irreparables en la vida de las niñas, niños y adolescentes, en su salud, en sus procesos de aprendizaje y en las oportunidades que la educación brinda. Quizá la tragedia más grande está en el mensaje que les transmiten los adultos con sus decisiones: que sus derechos son aplazables por semanas, meses, años o toda la vida.

@arturocharria

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