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El Pacto Histórico existe por dos motivos: crear un bloque de sectores alternativos con opción de ser Gobierno en 2022 y convertirse en una marca electoral para obtener una gran cantidad de curules en el Congreso.
Al primer motivo aspira Gustavo Petro y, salvo Francia Márquez, ninguna de las otras opciones tiene intenciones reales de llegar al tarjetón. El segundo objetivo no se logra con capital y trayectoria política, sino con “lealtad” al líder. Es decir, por aplaudir y por su capacidad de tragar toneladas de saliva, como diría Nicanor Parra, el antipoeta chileno.
En el Pacto son conscientes de esta situación, especialmente Petro: sin él no existiría el bloque y mucho menos se pensarían como opción de Gobierno. En resumen, lo necesitan. Sin embargo, Petro sabe que no son muchos los votos que estos sectores puedan sumarle, pues, el conjunto de electores que se agrupa en el Pacto votaría por él, incluso si no existiera dicha alianza. Ese cálculo lo tiene claro desde 2018: son cinco millones de votos que ha sabido cuidar y que podrían haber aumentado por los estallidos sociales de 2019 y 2021.
Este escenario y sus ganas de ser presidente tienen a Petro buscando votos en otros sectores, sin importar que eso implique acercarse a fuerzas retardatarias y cruzar líneas de fuego de las que difícilmente se puede regresar.
La primera línea fue cruzada hace tiempo al mantener en su círculo más cercano a Hollman Morris y Gustavo Bolívar, quienes generan profundos cuestionamientos en el feminismo. Ambos han mostrado una lealtad inquebrantable hacia Petro y éste calla ante las acusaciones que giran incesantemente sobre sus dos protegidos.
La segunda línea la cruzó el día en que sumó a su círculo de confianza a Armando Benedetti y Roy Barreras (así como a otros políticos tradicionales expertos en maquinarias electorales y politiquería en las regiones). Esta alianza, llena de pragmatismo político y sin sustento programático, no enriquece la pluralidad de pensamiento en el Pacto, sino que suma lo que en política realmente interesa: votos.
La tercera línea la cruzó el pasado fin de semana al reunirse y estrechar relaciones con el pastor cristiano Alfredo Saade, quien abiertamente es homofóbico y antiderechos. La imagen de los dos abrazados y sonrientes no es una foto casual que un político se toma en las correrías propias de una campaña, sino una alianza que ratificó el propio Saade en un tuit en el que invitaba a Colombia a escribir una nueva historia. Eso explica la retórica cargada de religión que exhibió Petro en su paso por Barranquilla.
Petro sabe que la “pureza” ideológica no le llevará a la Presidencia y que su objetivo es sumar como sea, sin preguntar de dónde vienen los votos (mucho menos, cómo se consiguen). De ahí que las llamadas fuerzas alternativas tengan que hacer un sacrificio menor y encontrar “coincidencias” con prácticas machistas, maquinarias electorales y movimientos antiderechos. Al final lo que importa es ganar, aunque para ello tengan que traicionar todo lo que han prometido transformar.
Puntilla. El pasado domingo, a la hora de almuerzo, Blu Radio informó que el ejército “abatió” a siete miembros del Clan del Golfo en Ituango, Antioquia. Para mostrar la veracidad de la información publicó una fotografía con siete bolsas blancas en las que se supone estaban los cuerpos. Algunas de las bolsas estaban manchadas de rojo. En la fotografía dos militares posan a cada extremo de la fila de cuerpos. En frente, diez fusiles también son exhibidos. La composición de la imagen pretende dar un parte positivo del Ejército, pero no lo es, ya sabemos a dónde nos lleva el conteo de cuerpos.
