Maicol estaba en la estación Avenida Jiménez de Transmilenio, en el centro de Bogotá, cuando tres soldados lo rodearon y le pidieron su cédula. Le preguntaron si tenía alguna excepción para prestar servicio militar, a lo que Maicol respondió que era hijo único. Los soldados le dijeron que los acompañara a la Escuela de Artillería: “No se demora más de 20-30 minutos y, si en verdad es hijo único, lo dejan salir”, contó en entrevista con Yolanda Ruiz en RCN Radio.
Ese fue el inicio de una retención que inició el pasado viernes 13 de agosto sobre las 10 de la mañana y se extendió durante cinco días. En el comando le dijeron que debía presentar un certificado de que era hijo único o lo reclutarían. Aunque Maicol presentó un certificado de su madre, no fue suficiente, le exigían el de su padre, pero él no lo conoce.
En otras partes de Bogotá, otros 12 jóvenes fueron abordados y llevados con engaños a la Escuela de Artillería, en donde también fueron retenidos. En diálogo con La FM, Deiby Santiago narró cómo un grupo de soldados le dijeron que le harían un descuento en la libreta militar y, en caso de no salir apto, podría irse. Sin embargo, cuando llegaron al comando le dijeron que “sí era obligatorio, que ya nos tenían asignado un pelotón y que nos teníamos que ir para Granada, Meta”.
Estos casos de reclutamiento irregular realizados de manera simultánea en distintos puntos de la ciudad están lejos de ser errores cometidos por soldados que se “desvían” del procedimiento. Por el contrario, muestran que las llamadas batidas, aunque están prohibidas, siguen ocurriendo: en ocasiones se usa la fuerza o, como en el caso de Maicol y Deiby Santiago, a través de engaños.
De los 13 jóvenes retenidos en la Escuela de Artillería, ocho fueron dejados en “libertad”. Según un comunicado del Ejército Nacional, ocho casos “tenían exoneración de la ley, toda vez que eran estudiantes (…). Frente a los cinco restantes, los jóvenes manifestaron su deseo de prestar el servicio militar de forma voluntaria”.
Lo más seguro es que de no haber sido por la intervención de la Personería de Bogotá, esa “voluntariedad” habría sido superior. Según cuenta Maicol, en el comando daban por hecho que estaban reclutados: “Ellos ya contaban con uno como parte del Ejército: lo ponían a uno a formarse y levantarse antes de las cinco de la mañana”.
Estas acciones evidencian la persistencia de una práctica que ha sido declarada ilegal y también la intencionalidad de la fuerza pública al momento de abordar a jóvenes que, por sus perfiles, pueden ser “aptos” para ser reclutados. Por lo general, estos procedimientos son realizados cerca de portales de Transmilenio o en los alrededores de las estaciones del centro o el sur de la ciudad.
Dicha estrategia se centra en identificar a jóvenes que salen de sus casas buscando oportunidades o que andan por la calle pasando el tiempo. Pero, al negarse a ser reclutados, Maicol y Deiby Santiago nos recuerdan el mensaje de la célebre canción de Willie Colón, porque no es lo mismo ir matando tiempo que tener tiempo pa’ matar.
Suspiro. El asesinato de Esteban Mosquera, estudiante de Música de la Universidad del Cauca, perpetrado en una calle de Popayán, es infame y se suma a los crímenes desatados desde el inicio del estallido social en abril de este año.