El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Bloqueos, sumas y restas

Arturo Guerrero

03 de junio de 2021 - 10:00 p. m.

La política no funciona sin alianzas. No por oportunismo, sino porque las sociedades son un costal de anzuelos y no una fila de borregos. Entonces quien quiera gobernar ese costal tiene que sumar en vez de restar. Los regímenes de partido único, prensa única y única opinión, son dictadura.

PUBLICIDAD

El paro nacional comenzó con marchas que englobaron arte, convocatoria espontánea y multitudinaria, lemas acordes con el pensamiento y sentimiento contemporáneo: feminismo, ambientalismo, sueños de futuro, estudio, vida digna.

Semanas más tarde aparecieron los bloqueos. Una de dos: o los convocaron en secreto los marchantes o los armó a las carreras la contraparte. Si los muchachos de los grafitis y tonadas de protesta se inventaron o apoyaron el infarto de las carreteras, cometieron grave error.

Se echaron en contra a los campesinos que no tuvieron cómo despachar sus cosechas y debieron derramar leche. Taponaron los puertos por donde entran mucha comida, alimento para pollos y ganado, fierros y repuestos para las fábricas. Hubo desabastecimiento, todo se volvió carísimo. Dieron papaya a la prensa que intensificó sus entrevistas a gremios y funcionarios grandilocuentes.

En esta hipótesis, los marchantes coloridos no habrían sumado sino restado. Habrían perdido para su causa a los que comen solo dos platos al día, a la clase media, a los microempresarios, a los comerciantes de la tienda de la esquina, a los de ruana en esta vasta geografía de paperos y cultivadores de limones, lechugas y delicias de corta duración.

Si los bloqueos, por el contrario, fueron impulsados por los adversarios enmascarados de los jóvenes tamboreros, estaríamos ante una inteligencia perversa. La misma que con idéntica lógica armó paramilitares urbanos, quemó palacios de justicia, sembró escuadrones opacos que disparan a ojos y cabezas, violó y esfumó decenas de nombres hoy llorados.

La ultraderecha política, cuyo rastro se deja adivinar tras estas felonías, no se preocupa por sumar. Controla los hilos del mando, enfila a su favor las fuerzas camufladas, conoce las maromas de la reelección eterna. Para ella la política habita en los altos círculos de la plata, la milicia legal e ilegal y las operaciones encubiertas que maquillan la imagen y proyectan un bienestar falsificado.

Un país sometido a la duda sobre el doble posible origen de los bloqueos es un rompecabezas. Nadie descifra la naturaleza de su mal, nadie visualiza un futuro que dure más de dos días. Ante la negrura del futuro, el presente se hace invivible.

Así estamos. Cómo será de grave esta coyuntura, que la pandemia dejó de ser el coco apocalíptico que iría a ahogar a las mayorías intubadas. Hoy ni siquiera las marchas son el problema. Incluso alguna fuerza movió las cuerdas para desviar los reclamos contra la brutalidad de los uniformados que deberían proteger a la gente. El verdadero espantajo se llama bloqueos y son estos los que rigen las sumas y restas.

arturoguerreror@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.