En la Secretaria de Cultura de Bogotá se adivina una legión de cerebros valientes. De hecho, con este adjetivo calificaron uno de muchos eventos programados, el Festival de Artes Valientes del Centro Histórico. Es como si la pandemia hubiera envalentonado las cabezas de esta Secretaría.
¿Acaso no es de intrépidos promover bailes con música en vivo, en las estaciones de Transmilenio? ¿U organizar certámenes de relatos feministas con participantes que se hacen llamar “Qlicagadas”? ¿O levantar un Museo de la Ciudad Autoconstruida, en plena Ciudad Bolívar? ¿Y todo esto desde la primera autoridad de la cultura, en la capital de la república?
Pues a eso y a mucho más se le han medido esos cerebros valientes. Hicieron adecuación técnico mecánica a veinte carrozas de recicladores y se las ofrecieron a grafiteros para que las intervinieran con sus pinturas. Tras esta cocreación, cada recolector de basuras echó a rodar el arte por las calles, como reflejo de su personalidad. “El arte de cuidar el entorno”, se llama la experiencia.
“La Línea Calma” es un acompañamiento psicoeducativo para hombres mayores de 18. Con encuestas comprobaron que “es normal que los hombres sean más reservados en sus emociones que las mujeres” o que “esconden sus emociones por miedo a sentirse humillados” o que “no saben reconocer cuándo necesitan ayuda” o que “la mayoría quisieran manejar sus emociones pero no saben cómo”.
Los escuchan por teléfono, les aportan atención presencial, discusiones grupales, redes de apoyo de otros hombres. Reciben desaprendizaje del machismo, luces sobre masculinidades corresponsables, no violentas y cuidadoras. En su mayoría son de estratos uno a tres. Han crecido creyendo que “cuando se ama se sufre”.
Algunas estaciones de Transmilenio se han convertido en lugares para tejer historias. Artistas plásticos invitados realizan intervenciones que se convierten en galerías itinerantes donde los transeúntes pueden interactuar. En equipo con artesanos locales, los usuarios hacen creación colectiva de tejidos con patrones geométricos. Dejan mensajes sobre pizarras, con historias que se viven en los buses. Transforman la experiencia diaria de los viajes. En mediciones manifiestan incremento de la emoción ´tranquilidad´.
Arriba de Ciudad Bolívar, en la estación Mirador del Paraíso, de TransMiCable, los habitantes crearon el documental de cine comunitario “Cultura A la Altura”. Con historias de vida y de lucha, muestran su memoria, patrimonio y diversidad cultural. Los muchachos lucen deportes en inglés, para huesos de caucho: skateboard, parkour, breakdance.
“Ciudad Bolívar es un ejemplo maravilloso de un territorio luchador, resiliente y con muchas ganas de transformar su realidad. Aquí las personas han demostrado que el arte y la cultura surgen de las calles, de las redes comunitarias, del saber generacional y de la curiosidad de niños y jóvenes”, manifiesta quien lidera esta legión de cerebros valientes, el antropólogo y hombre de teatro Nicolás Montero.