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Cuando ellas se pusieron los pantalones

Arturo Guerrero

07 de agosto de 2026 - 12:00 a. m.

La moda del vestuario femenino es imparable. No hace mucho se inició un cambio que todavía se está imponiendo. Para comenzar hay que aclarar que la falda pasó al olvido hace rato, para abrirle camino al pantalón. La falda quedó limitada a las señoras de cierta edad, a las mamás, a las suegras.

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Las chicas se volcaron a la prenda que por siglos había identificado a los hombres. Ahora son ellas las que llevan los pantalones bien puestos, como se decía antes para indicar al sector masculino de las parejas. Esta expresión referida a la indumentaria llegó incluso a ser a la vez señal de poderío del hombre sobre la mujer.

Hoy las muchachas exhiben en las calles y en las fiestas unos pantalones de alas anchas que se prestan para decorados refinados. Más aún, son una especie de híbrido entre pantalón y falda, solo que dejan las piernas enteramente independientes una de otra. Ellas entraron a saco en la moda de los hombres y se sintieron a pleno gusto.

Los diseñadores de la moda, eso sí, se esforzaron por entregar un producto enteramente femenino, de modo que en la calle no hay chance de confusión. Las chicas de hoy son enteramente femeninas, sin importar que se tomaron por asalto la prenda que caracterizaba a sus pares masculinos.

También se ven a veces hombres jóvenes utilizando faldas, en un gesto que no deja de ubicarlos como oportunistas de ocasión. En cambio, el acceso de ellas a la moda masculina ha sido un tsunami inatajable. Lo cual es muestra de la mayor plasticidad del cuerpo y la mente femeninos, en contraste con la rigidez y conservadurismo de sus parejas del sexo fuerte.

No hay peligro de confusión en cuanto al género, cuando ellas visten con pantalones. Una mujer es una mujer, así asuma el vestuario de los hombres. No solo es a causa del paso que las hace contonearse y moverse con íntegra identidad femenina. También se trata de un aire particular que contagia íntegra la postura y la figura de ellas.

Eso lo saben bien los modistos y modistas que distinguen cada centímetro de la anatomía de las mujeres y cada ímpetu de sus movimientos. Por eso la invasión de ellas hacia el uso de pantalones ha multiplicado la variedad de estilos, confecciones, colores y decorados de las vetustas y monótonas prendas utilizadas por los hombres desde siglos sin cuenta.

Hay un enriquecimiento estético en esta invasión femenina hacia la prenda por excelencia masculina. Primero porque terminó en dominio exclusivo de los hombres sobre un atavío que les pertenecía casi que por derecho propio desde los siglos de los siglos. Ese monopolio impidió la diversidad e hizo colapsar la iniciativa de los creadores de la moda.

Hoy el dique está roto y las mujeres llegaron para multiplicar las posibilidades estéticas y funcionales de una prenda anquilosada y monótona. Hay que aguardar la irrupción de las próximas generaciones para vislumbrar las potencialidades ocultas tras la invariable costumbre masculina de conformarse con la herencia del vestuario de los abuelos.

arturoguerreror@gmail.com

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