La Voz de América es la emisora que desde Estados Unidos difunde en español su noticiero diario por múltiples estaciones de América Latina. Su informe del 26 de noviembre de 2020 sobre el Día de Acción de Gracias entregó un recuento histórico de esta fiesta nacional por excelencia en ese país del norte. El tono es bien elocuente:
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“A su arribo, los europeos descubrieron que en estas tierras ya se habían asentado otras comunidades. Entre ellas, los indígenas wampanoag”. Pues bien, “estas tierras” pertenecen a Plymouth, en Massachusetts, donde vivían un millón de estos aborígenes desde miles de años atrás. Eran sus tierras ancestrales, no eran recién llegados.
Los europeos eran 120 colonos ingleses puritanos metodistas. Anclaron en América en 1620, a bordo de una precaria embarcación llamada Mayflower, huyendo de persecución religiosa emprendida por sus connacionales. El frío de invierno y el hambre acabaron con la mitad de ellos.
Los primeros contactos entre indígenas y europeos condujeron a una colaboración en la que los indios enseñaron a los ingleses a cultivar maíz, pescar, cazar, lo esencial para sobrevivir. Tiempo después llegaron más ingleses que, además de enfermedades y vicios, trajeron la ambición por las tierras de las tribus.
Sucedió entonces una guerra que acabó con el 90 por ciento de los wampanoag. Los recién llegados se apoderaron de sus tierras y vendieron a los sobrevivientes como esclavos. Hoy están constreñidos en una reserva de 121 hectáreas, donde intentan no dejar morir sus artesanías, lengua y costumbres. “Deberían devolvernos lo que nos quitaron y dejarnos en paz”, reclaman hoy sus líderes.
La Mayflower fue convertida en símbolo y su arribo al nuevo continente en hazaña digna de celebración. Un año después de su llegada, indígenas y colonos convocaron a una comida de ceremonia por la primera cosecha vivida tras un acuerdo inicial. Esta fue la semilla de la fiesta de Acción de Gracias que más adelante se convertiría en la más importante para las familias de Estados Unidos.
El protagonista de las viandas iría a ser el pavo, que se engorda hasta los 15 o 18 kilos. Esta ave de andar severo y vuelo corto era venerada por los aborígenes, igual que sucede entre nosotros con el cóndor. En el siglo XX varios presidentes norteamericanos comenzaron a indultar a uno o dos pavos seleccionados para la cena principal, hasta que este perdón se volvió costumbre y se extendió a los humanos.
El más reciente indulto presidencial resultó controversial. Joe Biden echó para atrás sus anuncios de que no perdonaría a su hijo Hunter, acusado de delitos económicos. Y en vísperas de Acción de Gracias, cuando se anuncian estos perdones, tendió la absolución para su vástago.
El inconveniente es el mensaje que se lanzó, a menos de dos meses de la posesión de Donald Trump. El hoy expresidente es jefe de la ultraderecha mundial y demostró en su primer mandato su talante de burlador de la democracia. Biden, con la bendición a su hijo, parece darles aval a los estropicios de ese talante.